El 26 de septiembre de 2025, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu pronunció un discurso en la Asamblea General de las Naciones Unidas cargado de desafío e indignación hacia los países que recientemente reconocieron un Estado palestino. El auditorio vivió reacciones inmediatas: delegaciones que abandonaron la sala, acusaciones retóricas, reproches históricos y un intento claro de reposicionar la narrativa en torno al conflicto israelí-palestino.
El discurso de Netanyahu ante la ONU
Contexto previo y preparación del discurso
Antes de subir al estrado de la Asamblea General, Netanyahu generó expectativas y polémica. A su llegada a Nueva York declaró que denunciaría a los líderes que habían reconocido a Palestina, calificando sus actos de “capitulación vergonzosa”.
Al abordar el discurso, el primer ministro abrió recordando la situación de Israel un año atrás: un Irán creciente en capacidades balísticas y nucleares, grupos como Hezbolá activos, así como amenazas provenientes de Siria e incluso de los hutíes en Yemen. Presentó un mapa titulado “The Curse” en el que tildó zonas bajo influencia iraní, destacando las operaciones militares israelíes recientes como “golpes” contra responsables clave.
Principales líneas retóricas y acusaciones
Uno de los pasajes más álgidos del discurso fue cuando Netanyahu denunció directamente a países como Francia, Reino Unido, Canadá y Australia por reconocer un Estado palestino después de los ataques de Hamas del 7 de octubre de 2023: “Matar judíos sale gratis”, afirmó. Acusó a esos gobiernos de enviar un mensaje erroneo que, en su versión, legitima el terrorismo contra Israel y contra inocentes en cualquier parte del mundo.
En cuanto a la solución de dos Estados, Netanyahu adoptó una postura intransigente: rechazó que exista una base real para ese modelo, pues según él los palestinos no creen en cohabitar pacíficamente junto a Israel. También sostuvo que cada vez que se otorgaba un territorio, los palestinos lo usaban para atacar: “¿Paz? No. Coexistencia? No. Nos dispararon”.
Un tema adicional fue la proyección retórica del discurso dentro del mismo conflicto bélico en Gaza: dijo que Israel debía “terminar la tarea” contra Hamas, presentar ultimátums hacia militantes para que depusieran las armas o liberaran rehenes, y aseguró que Israel continuaría sus operaciones militares hasta lograr sus objetivos.
Reacciones inmediatas en la ONU
Mientras Netanyahu hablaba, decenas de delegaciones abandonaron la sala en señal de protesta. Este gesto simbólico representó el rechazo de buena parte de la comunidad internacional ante el tono confrontativo del discurso.
Algunas delegaciones calificaron sus palabras de “insultantes”, “provocadoras” o “sin sustancia” frente al drama humanitario que vive Gaza. Por su parte, simpatizantes del primer ministro israelí destacaron su firmeza y defensa del derecho a la seguridad del Estado de Israel.
Netanyahu también ordenó que su discurso fuera transmitido hacia la Franja de Gaza: versiones indican que dispositivos con altavoces fueron colocados en zonas fronterizas, e incluso que algunos móviles palestinos recibieron el mensaje. En su discurso, se dirigió a los rehenes con un mensaje de esperanza: “No descansaremos hasta que regresen todos”.
Antecedentes históricos y diplomáticos
Para comprender la magnitud del discurso de Netanyahu y la disputa por el reconocimiento de Palestina, es necesario repasar el contexto del conflicto y las dinámicas diplomáticas que lo rodean.
Historia del conflicto israelí-palestino
Desde el establecimiento del Estado de Israel en 1948, la cuestión palestina ha sido objeto de profundas tensiones. La Guerra de los Seis Días (1967) generó la ocupación israelí de territorios clave (Cisjordania, Gaza, Jerusalén Este), lo cual reconfiguró la disputa territorial.
En varias ocasiones se han intentado procesos de paz con la creación hipotética de un Estado palestino frente a Israel (solución de dos Estados). Sin embargo, el fracaso recurrente de negociaciones, la expansión de los asentamientos israelíes y los ciclos de violencia han impedido avances consolidados.
La Resolución 67/19 de la Asamblea General de la ONU (2012) otorgó a los palestinos la condición de Estado observador no miembro, un giro diplomático simbólico al reconocer su aspiración al Estado palestino. Israel rechazó esa decisión por considerarla unilateral sin negociación directa.
Durante décadas, líderes israelíes han cuestionado el derecho de los palestinos a establecer un Estado independiente (o su viabilidad). Por ejemplo, la ex-premier Golda Meir acostumbraba afirmar ideas provocadoras como “no existía algo llamado ‘palestinos’”. Este lenguaje ha sido parte del debate narrativo entre identidades nacionales en la región.
Diplomacia internacional y reconocimiento de Palestina
El reconocimiento del Estado palestino ha sido un tema fragmentado. Varios países del mundo han otorgado reconocimiento formal en distintos momentos, mientras que otros lo condicionan a avances en negociaciones.
En 2025, países como Francia, Reino Unido, Canadá, Australia y Portugal anunciaron recientemente reconocimientos oficiales de Palestina, rompiendo con posiciones más neutrales o alineadas con Israel. Esa ola de reconocimientos ha tensado relaciones diplomáticas, pues Israel interpreta tales decisiones como un respaldo al “terrorismo” y una violación de su legitimidad.
Australia, por ejemplo, es un caso emblemático: en agosto de 2025, el gobierno liderado por Anthony Albanese anunció que reconocerá formalmente a Palestina, lo que desató críticas y represalias diplomáticas con Israel. Netanyahu culpó a los líderes australianos de “abandonar a sus judíos” y de “apoyar a Hamas”.
Estas decisiones de reconocimiento no tienen fuerza legal automática en la ONU para constituir un Estado pleno (el Consejo de Seguridad debe aprobarlo para que tenga carácter vinculante internacional), pero sí simbolizan respaldo político y presión diplomática creciente.
Simultáneamente, Israel ha manejado iniciativas diplomáticas propias: la expansión de los Acuerdos de Abraham (normalización con estados árabes) ha sido promovida como alternativa regional para aislar las narrativas palestinas. Netanyahu mencionó en su discurso que esos acuerdos podrían ampliarse hacia Siria y Líbano, apoyado en logros militares contra Irán y sus proxies.
Motivaciones políticas y estratégicas detrás del discurso
Las decisiones retóricas que adoptó Netanyahu no son azarosas. Detrás del discurso hay múltiples intereses estratégicos e incentivos políticos.
Fortalecimiento del apoyo interno
La guerra en Gaza ha tensado el panorama interno en Israel. Al proyectarse como un líder decidido que no cede ante presiones diplomáticas, Netanyahu busca consolidar su base política, especialmente entre sectores de línea dura y partidarios de la seguridad nacional. Su discurso agresivo pretende reforzar su legitimidad frente a críticos que lo acusan de debilidad frente a la comunidad internacional.
El uso de elementos simbólicos (mapas, acusaciones dramáticas, mensajes directos a rehenes) apela a resonancias emocionales y patriotismo interno.
Reequilibrio narrativo en la arena internacional
La comunidad global ha condenado el elevado número de víctimas civiles en Gaza, las denuncias de crímenes de guerra y la presión por un alto al fuego humanitario. Netanyahu, con este discurso, busca imponer su versión del conflicto: que Israel actúa por legítima defensa, que Hamas es la fuente de terror, y que los países que reconocen a Palestina están fomentando la impunidad del terrorismo.
Además, pretende deslegitimar decisiones diplomáticas recientes, reafirmando que Israel no va a aceptar un marco impuesto desde el exterior. De ese modo, el discurso funciona como un contragolpe ante el creciente aislamiento diplomático.
Mensaje a actores regionales y mediadores internacionales
Netanyahu no se dirigió solo a países occidentales, sino también a actores del Medio Oriente e intermediarios diplomáticos. Mencionó rotundamente que Irán y sus proxies (Hezbolá, milicias en Siria, Irak) habían sido golpeados durante el último año, insinuando una expansión militar israelí más allá de Gaza.
Con ello, pretende enviar un mensaje disuasivo: quien apoye o tolera a esas facciones será objetivo de acción israelí. También señala que Israel aspira a consolidar alianzas regionales y aprovechar su fuerza militar para negociar desde una posición de dominio.
En el plano diplomático, al criticar a los países que reconocieron a Palestina, desata una presión indirecta para revisar políticas exteriores. Al mismo tiempo, busca influir en mediadores (EE.UU., Naciones Unidas, países árabes) para que moderan sus posturas o condicionen sus apoyos.
Repercusiones diplomáticas y estratégicas
El impacto del discurso —y del contexto de reconocimiento de Palestina— se despliega en múltiples dimensiones: diplomáticas, políticas, militares y simbólicas.
Efectos diplomáticos inmediatos
La retirada de delegaciones durante el discurso es un gesto fuerte de condena simbólica que socava la legitimidad del mensaje israelí en foros multilaterales.
Países como Francia, Reino Unido y Canadá, al oficializar el reconocimiento a Palestina, reafirman una postura activa en el conflicto. Esto podría generar sanciones, reclamos formales o abandono de cooperación militar con Israel en algunas instancias.
Por otro lado, algunos estados aliados de Israel expresaron preocupaciones sobre la escalada diplomática. La posición de EE. UU. es crucial: históricamente ha protegido a Israel con vetos en el Consejo de Seguridad. Si en esta coyuntura EE. UU. moderara su respaldo, eso podría cambiar el equilibrio de poder en organismos internacionales.
Además, organismos de derechos humanos, la Corte Penal Internacional y cortes internacionales podrían intensificar acusaciones contra Israel por violaciones del derecho humanitario, especialmente si persisten las denuncias de crímenes de guerra.
Desafíos para la solución de dos Estados
El discurso de Netanyahu reafirma que bajo su gobierno no se aceptará un Estado palestino en el modelo tradicional de dos Estados. Eso implica un retroceso respecto a las negociaciones diplomáticas que favorecen una coexistencia pacífica Israel-Palestina.
Los movimientos de reconocimiento acelerado de Palestina ponen presión sobre actores mediadores para repensar rutas alternativas de paz. Por ejemplo, se podría intensificar la propuesta de administración internacional temporal en Gaza, la desmilitarización de facciones palestinas o la redefinición del marco de negociación sin basarse exclusivamente en el modelo clásico.
Implicancias para el conflicto militar
El discurso no era solo diplomático; tenía componente militar implícito. Al insistir en “terminar la tarea”, Netanyahu anuncia que no habrá alto al fuego hasta lograr los objetivos de guerra declarados por Israel. Esto puede traducirse en operaciones más agresivas, incrementos en bombardeos o enusamiento de tácticas tácticas en zonas densamente pobladas.
La escalada militar con Hezbolá, milicias sirias o iraníes puede incrementarse, ya que el discurso señala que esos frentes no están exentos de acción.
También existe el riesgo de que los países que reconocieron a Palestina colaboren más intensamente con la Autoridad Palestina en esfuerzos legales y diplomáticos contra Israel, lo cual puede ejercer presión sobre decisiones militares futuras.
Perspectiva simbólica y de legitimidad
En términos simbólicos, el reconocimiento de carácter parcial a Palestina se fortalece como factor de legitimation política. Aun sin ser un Estado plenamente reconocido en todos los niveles del derecho internacional, el respaldo diplomático masivo crea un relato internacional más favorable a la causa palestina.
En contraste, el discurso agresivo de Netanyahu busca reforzar la narrativa israelí de “defensa frente al terrorismo”, pretendiendo neutralizar la acumulación discursiva en su contra. Pero también corre el riesgo de aislarlo diplomáticamente y dañar su capital simbólico frente a audiencias globales sensibles a los derechos humanos.
Escenarios futuros y posibles efectos
A partir del discurso y el actual rumbo diplomático, se vislumbran varios escenarios que podrían definirse en los próximos meses o años.
Escenario 1: Continuidad del conflicto sin negociaciones
Uno de los escenarios más probables es que el conflicto simplemente continúe en un estado de escalada sin avances diplomáticos reales. La postura de Netanyahu podría asumir que la presión internacional morirá con el desgaste, mientras Israel consolida sus objetivos militares. En este escenario:
- Se mantendrían operaciones militares en Gaza y sectores fronterizos.
- El reconocimiento a Palestina seguiría creciendo como símbolo político, pero sin cambios sustanciales en el terreno.
- Los procesos judiciales internacionales (CPI, tribunales de derechos humanos) podrían avanzar con mayores solicitudes de investigación contra Israel.
- Las negociaciones de paz quedarían congeladas o reducidas a intermediaciones simbólicas.
Escenario 2: Reajuste diplomático y alto al fuego negociado
Otro escenario posible es que, frente a la presión internacional —y la potencial pérdida de aliados tradicionales— el gobierno israelí decida negociar un alto al fuego temporal con mediadores (como Egipto, Qatar, la ONU, EE. UU.). Tal acuerdo podría implicar:
- Reducción de bombardeos intensos y restricciones operativas.
- Acuerdos de intercambio de rehenes como condición central.
- Revisión del reconocimiento diplomático como moneda de cambio para concesiones políticas menores.
- Exploración de fórmulas alternativas al modelo clásico de dos Estados, como administraciones mixtas, supervisión internacional o zonas desmilitarizadas.
Escenario 3: Polarización y escalada múltiple
En un escenario más grave, el choque diplomático y militar podría ampliarse a otros frentes: Líbano (Hezbolá), Siria, Irán, o incluso movilizaciones políticas en el mundo árabe. El discurso de Netanyahu ya aludía a esta posibilidad con alusiones a múltiples frentes.
- Podría haber enfrentamientos con Hezbolá en el norte de Israel y Líbano.
- Irán podría responder con operaciones indirectas o ataques con misiles.
- Países regionales podrían intervenir diplomáticamente o militarmente.
- La comunidad internacional podría fragmentarse: algunos apoyarían sanciones contra Israel, otros reforzarían su respaldo estratégico.
Impacto en la percepción global y el orden internacional
El discurso marca un punto de inflexión en la narrativa internacional del conflicto. La legitimidad del reconocimiento palestino puede fortalecerse como norma diplomática, mientras la posición de Israel podría volverse más aislada en organismos multilaterales.
Si más países reconocen a Palestina, la comunidad internacional podría generar un bloque de apoyo diplomático que presione por nuevos marcos legales de solución. Al mismo tiempo, organismos como la ONU, la Unión Europea y agrupaciones regionales podrían exigir mayores sanciones, mediaciones activas o protección humanitaria en Gaza.
Ventajas y críticas del discurso
Para comprender mejor su peso real, conviene contrastar lo que el discurso de Netanyahu logró comunicar frente a las críticas que ha despertado.
Ventajas estratégicas del discurso
- Firmeza simbólica: proyecta la imagen de un líder que no cede ante la presión externa, reforzando su perfil de seguridad.
- Control narrativo: intenta redefinir el relato del conflicto, acusando a otros de apoyar al terrorismo y restando protagonismo a críticas contra Israel.
- Movilización interna: busca consolidar apoyo dentro de sectores nacionalistas y de línea dura, que valoran una postura inflexible.
- Presión a diplomáticos externos: al criticar directamente decisiones de otros gobiernos, somete a esos países a posibles reacciones diplomáticas o reconsideraciones de política exterior.
Críticas y riesgos del discurso
- Aislamiento diplomático: la retórica agresiva y el rechazo frontal al reconocimiento diplomático pueden alejar aliados tradicionales y debilitar relaciones internacionales.
- Pérdida de legitimidad moral: el discurso minimiza el sufrimiento civil en Gaza y niega críticas de derechos humanos, lo que puede dañar la imagen de Israel en la opinión pública global.
- Inflexibilidad para negociar: si la postura es demasiado rígida, deja poco espacio para mediaciones o concesiones mínimas que puedan desescalar el conflicto.
- Escalada militar peligrosa: al sugerir que todos los frentes están abiertos, aumenta el riesgo de conflictos entre Israel y otros actores más poderosos.
- Contradicciones internas: los críticos en Israel y en su coalición podrían acusarlo de que el discurso carece de un plan concreto post-guerra, sin visión estratégica clara. Ya algunas voces lo han tachado de “gimmick” (artificio) sin sustancia real.
Conclusión: impacto y proyección futura
El discurso desafiante de Netanyahu ante la ONU, centrado en denunciar los reconocimientos a Palestina y reafirmar una postura militar firme, marca un punto de inflexión en la narrativa diplomática del conflicto israelí-palestino. A través de acusaciones directas, simbolismos visuales y una retórica hostil, el primer ministro buscó reposicionar a Israel como agresor legítimo y cuestionar las decisiones de gobiernos occidentales.
Sin embargo, el costo diplomático puede ser elevado: aislarse en organismos internacionales, erosionar apoyos tradicionales y debilitar su papel como interlocutor fiable. Desde la óptica palestina y de sus aliados, el discurso refuerza la necesidad de reconocimiento y legitimidad diplomática, incluso en ausencia de avances militares.
Mirando hacia adelante, el panorama probable es una prolongación del conflicto con negociaciones débiles o simbólicas. Pero también existe la posibilidad de que las presiones internacionales, las sanciones diplomáticas o el desgaste mediático empujen hacia un alto al fuego negociado. En un escenario más extremo, podríamos ver enfrentamientos simultáneos con múltiples actores regionales, lo que convertirá esta crisis en un conflicto más amplio.
En cualquiera de los casos, el discurso de Netanyahu y la respuesta del mundo al reconocimiento de Palestina reconfiguran no solo las relaciones diplomáticas entre Israel y otros estados, sino la legitimidad del Estado palestino como actor global. En este nuevo capítulo, el control del relato —más que la victoria militar— podría ser el campo de batalla decisivo.