La comunidad judía venezolana que vive en el exterior recibió con alivio la noticia de la deposición del expresidente Nicolás Maduro, viendo un posible final para décadas de represión y éxodo. Sin embargo, muchos se preguntan si las heridas del pasado permitirán un regreso seguro y sostenible a una Venezuela profundamente transformada por años de crisis.
Sentimiento de alivio en la diáspora
Para Samy Yecutieli, un ex carismático de Caracas ahora residente en Israel, el arresto de Maduro por fuerzas de Estados Unidos significó el comienzo del fin de lo que él describe como “la era Chávez”, un período de deterioro económico, represión política y retórica antisemita. Yecutieli, que se marchó hace años con su familia, aseguró que la comunidad sigue observando con esperanza las noticias desde su nuevo hogar en Tel Aviv.
Según informó Jewish Telegraphic Agency, muchos miembros de la diáspora recuerdan cómo, bajo los gobiernos de Chávez y Maduro, la comunidad judía sufrió persecución y discriminación que derivó en un éxodo masivo. Se estima que unos 20 000 judíos venezolanos huyeron del país tras el ascenso de Chávez a finales de los noventa, cuando la estabilidad económica y las relaciones con Israel se deterioraron rápidamente.
Ecos del pasado y cambios presentes
Venezuela fue una vez hogar de una de las comunidades judías más prósperas de América Latina, con una población aproximada de 25 000 personas antes de los años 2000. Hoy apenas quedan unos pocos miles dentro del país, mientras otros se han establecido en lugares como Florida, Colombia, España y Panamá.
A pesar de la alegría inicial por la caída de Maduro, figuras como Roberto Daniel —quien emigró a Israel hace casi dos décadas— expresan sentimientos encontrados. Si bien Daniel ve oportunidades potenciales de reconstrucción en Venezuela, admite que sus hijos, nacidos y criados fuera, tienen pocas razones para volver en el corto plazo.
Temor y realismo sobre el futuro
Las perspectivas de retorno no son unívocas. Algunos veteranos de la comunidad judía se muestran optimistas, sosteniendo que una reconstrucción pacífica podría atraer de regreso a parte de la diáspora. Otros son más cautelosos, señalando que el país ha cambiado de manera irreversible tras décadas de crisis económica, social y política.
El hecho de que el liderazgo temporal de Venezuela pase por figuras relacionadas con el antiguo régimen, aunque bajo supervisión internacional, añade una capa de incertidumbre al futuro político del país. Algunos analistas señalan que, aunque el primer paso histórico ha ocurrido con la deposición de Maduro, la transición todavía tiene un largo camino por recorrer antes de garantizar seguridad y estabilidad.
Identidad, memoria y reconstrucción
Para muchos venezolanos judíos fuera del país —especialmente aquellos que han construido nuevas vidas en Israel, Estados Unidos o Europa— la idea de regresar se combina con recuerdos de una Venezuela multicultural que ya no existe. Mientras algunos ven posibilidades de reconstrucción y reencuentro con sus raíces, otros temen que la fractura social y la pérdida de tejido comunitario haga imposible un retorno masivo.
Según informes de otras comunidades venezolanas en el exterior, la esperanza tras la caída de Maduro ha venido acompañada de incertidumbre generalizada sobre el futuro político del país y la viabilidad de un regreso masivo de migrantes. Muchos refugiados y emigrantes coinciden en que la reconstrucción requerirá tiempo, acuerdos políticos y seguridad real antes de plantearse una vuelta segura.
