Ha llegado el momento de que Israel reciba a los Bnéi Anusím

Ha llegado el momento de que Israel reciba a los Bnéi Anusím 1
Separados del judaísmo hace más de 500 años, los descendientes de los conversos de la Edad Media llaman a las puertas del Parlamento (Késet) para pedir que se les permita el regreso al pueblo al que pertenecieron sus ancestros y sean reconocidos legalmente como judíos.

Conocidos en la literatura judía como «anusim» (literalmente «coaccionado» o «forzado»), los investigadores en el tema aseguran que su número puede llegar a «decenas de millones» en España, Portugal, los países de América Latina, EEUU, y otros muchos.
«Para mí no son sólo parte del pueblo judío, son también parte de nuestra familia, y lo digo literalmente: me he encontrado a muchos que comparten mi propia ascendencia familiar», dice Ashley Perry, presidente de la ONG que ha elevado por ellos su voz, por primera vez, dentro del Parlamento (Kneset).
Lo hizo en el reciente lanzamiento de un nuevo grupo de acción parlamentario que se dedicará a concienciar a las instituciones políticas y religiosas israelíes de un problema que va ganando peso y que -Perry cree- requiere una respuesta oficial.
«Ha llegado el momento de que Israel haga todo lo que esté a su alcance para recibirlos con los brazos abiertos y amor, el momento de devolverlos a casa», pide por su parte Hana Eyal, una psicóloga portuguesa de 29 que hace sólo tres años descubrió, casi por casualidad, el origen judío de su familia.
En una entrevista esta joven, conocida hasta el año pasado como Ana Resende, relató unas inusuales tradiciones familiares que siempre la hicieron sentir «extraña» y «fuera de mi lugar», sin realmente ser consciente de donde provenían hasta que un día conoció a un joven israelí, hoy su marido, en un viaje de placer a la India.
Fue su madre la que, al contarle ella ese tipo de experiencias sobre su «novio judío», acabó por sacarle una pequeña y antigua cadena con una estrella de David, que había pasado de generación en generación.
Como ella, dicen los expertos, hay miles de personas que se interesan por su pasado y que quieren volver a sus raíces, una posibilidad que la
ONG «Reconectar» les ofrece a través de una nueva página web interactiva sobre tradiciones, apellidos, leyes y contactos.
«Nosotros no vamos a entrar en el asunto políticamente ni en el aspecto religioso, les ofrecemos simplemente reconectar, que significa cosas distintas para cada persona, pero todos tendrán lugar (en nuestra organización)», explica Perry, un sefardí de origen británico que fue asesor del Ministerio de Exteriores.
Su intención, así como la de otros grupos, centros académicos e investigadores, es la de generar un proceso de «concienciación» que abra las puertas de Israel a los descendientes de los «anusim», por ahora rechazados en las instancias políticas y religiosas del país.
En ese sentido, el rabino y ex diputado Hayim Amselem recordó en el acto que los «anusim», y toda su descendencia, tienen un estatus jurídico especial en la ley religiosa judía, y no son pocos los grandes rabinos y textos sagrados que, desde hace ya siglos, los reconocen como «parte de la semilla de Israel».
Y en una virulenta crítica al Rabinato y al Gobierno, se preguntó por qué ningún rabino jefe ni ministro se encontraban en la sala.
No menos vapuleados son los investigadores históricos tradicionales, aquellos que a juicio del historiador Avi Gross, del Centro Académico sobre España y los Anusim de Natania, «se mantienen en la comodidad de los siglos XV, XVI y XVII».
A ellos les pidió que «levanten la mirada del espectro documental» para ver el fenómeno en su moderna dimensión.
Shlomo Buzaglo, presidente de esa institución creada hace tres años y que co-organizaba la campaña en la Knéset, destaca que en los últimos años «hay un creciente interés de los anusim por volver a sus raíces», aunque nadie sabe realmente explicar el fenómeno.
«Puede ser una voz interna, un impulso», conjetura este tangerino de 60 años, para el que el fenómeno remonta vuelo por la profusión de información en el internet y la pérdida del miedo a ser identificados como judíos, un temor que históricamente les llevó a esconder las «extrañas tradiciones» en las que crecieron Hana Eyal y tantos otros como ella.

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