En un audaz movimiento que podría redefinir el curso del conflicto, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) ejecutaron un ataque aéreo de alta precisión contra una reunión del alto mando político de Hamás en Doha, Qatar, este martes. El hecho, ocurrido mientras los líderes terroristas discutían una nueva propuesta de alto el fuego patrocinada por Estados Unidos, ha sumido a la región en un nuevo torbellino de incertidumbre, con versiones diametralmente opuestas sobre su resultado e implicaciones inmediatas.
El Ataque: «Operación Cumbre de Fuego»
Los primeros informes de explosiones en el distrito de Katara, en Doha, surgieron alrededor de las 4 p.m. (hora local) del martes. Testigos presenciales reportaron a agencias como Reuters el sonido de múltiples detonaciones y columnas de humo negro elevándose desde una zona que alberga una gasolinera y un exclusivo complejo residencial, vigilado las 24 horas por la guardia del emir de Qatar.
Poco después, las FDI y el Shin Bet (Agencia de Seguridad de Israel) confirmaron la autoría del ataque, al que denominaron «Operación Cumbre de Fuego». En un comunicado, detallaron que más de 10 aviones de combate de la Fuerza Aérea Israelí lanzaron un preciso arsenal de municiones que impactaron el edificio objetivo en cuestión de segundos. Las autoridades israelíes afirmaron haber tomado «medidas para mitigar el daño a civiles», utilizando inteligencia de última generación y tecnología de precisión.
El objetivo declarado: decapitar la cúpula de mando de Hamás fuera de Gaza, a la que Israel responsabiliza directamente de planificar y ordenar la masacre del 7 de octubre de 2023.
Los Objetivos: ¿A Quién Buscaba Eliminar Israel?
La reunión en Doha congregaba a lo más granado del liderazgo de Hamás en el exilio, figuras clave que han logrado eludir la ofensiva israelí durante los dos años de guerra. Entre los presentes presumiblemente se encontraban:
- Khalil al-Hayya: Jefe de las operaciones de Hamás en Gaza desde el asesinato de Yahya Sinwar en 2024. Considerado el arquitecto operativo actual, se convirtió en la cara visible del grupo tras la muerte de Ismail Haniyeh. Reside en Qatar y ha sido el principal negociador en las conversaciones de alto el fuego en Egipto.
- Khaled Mashaal: Jefe de Hamás en el exterior y ex líder supremo de la organización (1995-2017). Una figura histórica y simbólica, con un patrimonio neto estimado en $5 mil millones. Sobrevivió a un intento de asesinato del Mossad en Jordania en 1997.
- Zaher Jabarin: Responsable de dirigir las actividades de Hamás en Cisjordania. Ascendió al cargo tras el asesinato de su predecesor, Saleh al-Arouri, en Beirut en enero de 2024. Reside principalmente en Turquía.
- Muhammad Darwish: Jefe del Consejo Shura de Hamás, el órgano consultivo estratégico. Nacido en un campo de refugiados en el Líbano, ha vivido siempre en el extranjero y ha encabezado delegaciones en negociaciones recientes.
- Nizar Awadallah: Experimentado negociador, clave en el intercambio del soldado Gilad Shalit en 2011. Originario de la ciudad de Gaza, se ha centrado en la rama política del grupo.
La eliminación de estas figuras representaría un golpe devastador para la estructura de comando, finanzas y toma de decisiones estratégicas de Hamás.
Narrativas Enfrentadas: ¿Éxito o Fracaso?
Inmediatamente después del ataque, surgieron dos narrativas radicalmente opuestas:
1. La versión israelí: Optimismo y una puerta hacia la paz
El Primer Ministro Benjamín Netanyahu calificó la operación como un «duro golpe al liderazgo terrorista» y expresó un «optimismo cauteloso» sobre sus resultados. En una declaración crucial, Netanyahu afirmó que un éxito en la operación «podría allanar el camino para un fin inmediato de la guerra». Su oficina enfatizó que fue una «operación israelí totalmente independiente» de la que Israel «asume toda la responsabilidad».
Netanyahu lanzó un mensaje directo a los gazatíes: «Hagan la paz con nosotros y acepten la propuesta… Pero tienen que eliminar a esta gente del camino. Si lo hacen, nuestro futuro común no tendrá límites».
2. La versión de Hamás: Un ataque fallido y una prueba de mala fe
Hamás, por su parte, emitió un comunicado admitiendo cinco muertes, pero insistió en que ninguna era miembro de su alto mando. Identificó a los fallecidos como:
- Himam al-Hayya (hijo de Khalil al-Hayya).
- Jihad Labad Abu Bilal (director de la oficina de al-Hayya).
- Tres «asociados» (presuntos guardaespaldas o asesores).
Hamás utilizó el ataque para argumentar que el gobierno de Netanyahu «no está interesado en llegar a ningún acuerdo», ya que se produjo mientras discutían la propuesta de alto el fuego estadounidense. Sin embargo, significativamente, el grupo no proporcionó pruebas inmediatas de que sus líderes superiores hubieran sobrevivido, una táctica que ha empleado en el pasado, confirmando muertes semanas o meses después de los hechos.
Qatar confirmó la muerte de un miembro de sus fuerzas de seguridad, un dato que añade una capa de complejidad diplomática al suceso.
El Contexto Inmediato: Respuesta a un Atentado en Jerusalén
El ataque a Doha no fue un hecho aislado. Según una declaración conjunta de Netanyahu y el Ministro de Defensa, Israel Katz, fue una «respuesta directa» a dos eventos ocurridos el lunes:
- Un mortífero atentado terrorista en el cruce de Ramot, Jerusalén, donde dos palestinos abrieron fuego contra vehículos y peatones, matando a seis israelíes. Las Brigadas Al-Qassam se atribuyeron la responsabilidad.
- Un ataque mortal contra un tanque israelí en el norte de Gaza.
Netanyahu y Katz afirmaron que el liderazgo atacado en Doha fue el que «inició y organizó la masacre del 7 de octubre y desde entonces ha continuado llevando a cabo ataques asesinos». La «oportunidad operativa» se identificó al mediodía del martes, dando luz verde a las FDI y al Shin Bet para proceder.
La Propuesta de Alto el Fuego y las Reacciones Internacionales
El momento del ataque es quizás su aspecto más delicado. Ocurrió mientras la delegación de Hamás, que había viajado desde Turquía, se reunía para discutir una nueva propuesta de acuerdo elaborada por el enviado especial de EE.UU., Steve Witkoff.
Elementos clave de la propuesta estadounidense:
- Liberación de todos los rehenes restantes en las primeras 48 horas.
- Una garantía estadounidense de que Israel no reanudaría la guerra tras la liberación.
- La liberación de varios miles de prisioneros palestinos en Israel.
- Una retirada gradual de las tropas israelíes de Gaza durante los primeros días del alto el fuego.
Reacción de Qatar:
Un alto funcionario qatarí criticó duramente a Israel, argumentando que el ataque «socavaba» cualquier esperanza de alcanzar un acuerdo, «prolongando aún más la guerra y complicando los esfuerzos para recuperar a los rehenes». Qatar, anfitrión de los líderes de Hamás y mediador clave, se encuentra en una posición extremadamente incómoda.
Reacción de Estados Unidos:
La postura oficial de Washington fue de desaprobación. La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, criticó a Israel por «bombardear unilateralmente dentro de Qatar, una nación soberana y un aliado cercano». Declaró que esta acción «no promueve los objetivos de Israel ni de Estados Unidos». Esto desmiente los informes iniciales de medios israelíes que sugerían que el Presidente Trump había dado su bendición al operativo.
Análisis: Implicaciones Estratégicas y el Futuro del Conflicto
El ataque a Doha marca un punto de inflexión con profundas implicaciones:
- Escalada Geográfica: Israel demuestra que está dispuesto a llevar la guerra más allá de Gaza, Líbano o Siria, atacando en el corazón de un país del Golfo, aliado de Occidente. Esto amplía significativamente el teatro del conflicto.
- Doctrina de la Disuasión: El Teniente General Eyal Zamir dejó claro el mensaje: Israel «ajustará cuentas con sus enemigos en cualquier parte del mundo». Es una reafirmación de la doctrina de represalia por encima de todas las fronteras.
- Impacto en Hamás: Si el ataque fue exitoso, Hamás sufriría una pérdida irreparable de liderazgo experimentado, conectores regionales y capacidad logística. Si no lo fue, aún así demuestra su extrema vulnerabilidad.
- El Futuro de las Negociaciones: A corto plazo, las negociaciones parecen condenadas. Hamás difícilmente negociará bajo fuego directo contra su cúpula, y Qatar podría reconsiderar su papel de mediador. La afirmación de Netanyahu de que esto podría acelerar el fin de la guerra sugiere que Israel espera que la decapitación del liderazgo desarticule la organización y fuerce una rendición o un colapso interno en Gaza.
- Relaciones Israel-Qatar-EE.UU.: La relación con Qatar, ya tensa, se verá gravemente dañada. La pública desaprobación de EE.UU. también revela una grieta significativa en la estrategia coordinada, incluso bajo una administración Trump considerada pro-israelí.
Conclusión: Un Juego de Ajedrez a Vida o Muerte
El ataque israelí al liderazgo de Hamás en Doha es una jugada audaz y de alto riesgo en el complejo ajedrez geopolítico de Medio Oriente. Más allá de la disputa inmediata sobre su éxito o fracaso, sus ondas expansivas alterarán fundamentalmente la dinámica del conflicto.
Por un lado, Israel envía un mensaje contundente de impunidad estratégica y determinación para perseguir a sus enemigos, sin importar dónde se escondan. Por otro, arriesga aislarse diplomáticamente, dañar relaciones cruciales con sus aliados y potencialmente enterrar, al menos temporalmente, cualquier esperanza de un acuerdo de liberación de rehenes.
El mundo observa ahora y espera. Espera confirmación sobre el destino de los líderes de Hamás. Espera la respuesta de la organización, que podría ser de una violencia terrible. Y espera para ver si este punto de inflexión conduce, como sugiere Netanyahu, al fin de la guerra, o si, por el contrario, precipita una nueva y más sangrienta espiral de violencia cuyo final nadie puede vislumbrar. La «Operación Cumbre de Fuego» puede ser recordada como el principio del fin o como el momento en el que el conflicto se desbordó por completo. El tiempo, y las sombras de Doha, tendrán la última palabra.