La reciente guerra entre Irán y Israel en junio de 2025 —y el posterior repliegue estratégico iraní— no representan el final del conflicto, sino apenas el inicio de una fase crítica de consolidación militar, diplomática y de inteligencia. Así lo advierte un nuevo informe del Jewish Institute for National Security of America (JINSA), que insta a Washington y Jerusalén a no confiar en su éxito reciente.
El documento —el resultado de conversaciones entre ex comandantes del Comando Europeo y del Comando Central de Estados Unidos y un ex subdirector de la Agencia de Inteligencia de Defensa estadounidense— señala que la ofensiva israelí de junio, bautizada como Operación León Ascendente, logró un “reajuste estratégico”, pero su efecto no se mantendrá sin una estrategia deliberada de largo plazo.
1. Contexto: la guerra de 2025 y la Operación León Ascendente
1.1 La guerra entre Irán e Israel: primera guerra moderna sin frontera compartida
Entre el 13 y el 24 de junio de 2025, Irán lanzó un ataque masivo contra Israel con misiles balísticos y drones. En total, fueron disparados 574 misiles balísticos y aproximadamente 1 084 drones.
Gracias a la defensa antiaérea integrada (IAMD — Integrated Air and Missile Defense) coordinada por Estados Unidos e Israel, se interceptaron 273 misiles, y solo 49 lograron impactar en zonas pobladas, bases o infraestructura vital.
Sin embargo, la guerra sacó a la luz las limitaciones del sistema actual: la necesidad de reabastecer interceptores, fallos potenciales si Irán vuelve a saturar defensas, y la dependencia de Estados Unidos para sostener la operación.
1.2 Operación León Ascendente: el contraataque estratégico
Previa a los ataques de Irán, Israel lanzó la Operación León Ascendente, una ofensiva sorpresiva contra infraestructura nuclear, instalaciones de misiles balísticos, centros de producción de drones, comandos militares y científicos clave del régimen iraní.
Según datos oficiales, la operación destruyó decenas de sitios estratégicos, más de 200 lanzadores, eliminó a altos mandos y científicos nucleares, y paralizó el programa de enriquecimiento en complejos como Natanz, Fordow e Isfahán.
El resultado: más del 50 % de la capacidad balística de Irán habría sido neutralizada, reduciendo significativamente su poder ofensivo a mediano plazo.
Pero, como advierte el informe, esas ganancias son temporales si no se adopta una estrategia sostenida: la ofensiva fue efectiva, pero no resolvió la amenaza estructural a largo plazo.
2. El informe de JINSA: por qué advierte contra “dormirse en los laureles”
El informe recientemente publicado por JINSA vuelve la mirada hacia el futuro. Aunque reconoce los éxitos de 2024 y 2025, subraya que ni Israel ni Estados Unidos pueden permitirse bajar la guardia.
2.1 “Campaña entre guerras”: defensa preventiva + diplomacia + economía + inteligencia
La propuesta central del informe es pensar en una “campaña entre guerras” (between-wars campaign): no basta con reaccionar ante agresiones; hay que mantener una presión constante sobre Irán mediante una combinación de:
- Fuerza militar preventiva (ataques quirúrgicos cuando sea necesario).
- Diplomacia: aislar a Irán internacionalmente, reducir apoyo externo, promover acuerdos con países árabes que “hagan la paz con Israel”.
- Inteligencia e intercambio de información.
- Sanciones económicas y medidas para frenar la reconstrucción de su industria bélica.
Este enfoque más amplio busca evitar que Irán tenga la posibilidad de reconstruir su arsenal sin que la comunidad internacional lo detecte o detenga.
2.2 Expansión de producción y desarrollo conjunto de defensa antiaérea
Una de las críticas del informe es que la guerra agotó —o al menos drenó significativamente— las reservas de interceptores de Israel y Estados Unidos.
Por ello, JINSA insta a “duplicar la apuesta”: aumentar la producción de interceptores, desarrollar nuevas generaciones de sistemas antiaéreos, y emprender proyectos conjuntos de I+D entre Estados Unidos e Israel.
El objetivo es crear una defensa sostenible, robusta y tecnológicamente avanzada, capaz de hacer frente no solo a misiles balísticos, sino también a misiles hipersónicos, drones y otras amenazas emergentes.
2.3 Integración regional: compartir capacidades defensivas con socios árabes
Quizás lo más significativo: el informe sugiere que EE. UU. e Israel deberían transferir —o compartir— capacidades de defensa antimisiles con Estados árabes que opten por la paz con Israel.
La idea es construir un sistema integrado de defensa aérea regional, que no solo aumente la seguridad de los socios árabes, sino que también reduzca la necesidad de desplegar tropas estadounidenses de manera permanente en la zona CENTCOM.
Esto podría marcar el inicio de un nuevo orden de seguridad en Medio Oriente: un bloque defensivo —no ofensivo— basado en cooperación, inteligencia compartida y disuasión colectiva.
2.4 Riesgo de subestimar la amenaza: “No fue una guerra de 12 días”
El informe advierte que muchos en Occidente ven la guerra de junio como una sorpresa de 12 días, cuando en realidad el conflicto se gestó durante décadas.
Para los autores, esa percepción minimiza el problema: Irán no solo representa una amenaza nuclear, sino también un peligro balístico sostenido, con misiles capaces de alcanzar rápidamente ciudades como Tel Aviv —la “distancia ya no era de 1.600 km, sino de nueve minutos”.
Si Occidente se relaja, se corre el riesgo de que Irán rehaga su arsenal y lance una nueva ofensiva con una escala mayor, posiblemente letal.
3. ¿Por qué el momento actual es crucial para una estrategia a largo plazo?
3.1 La ventana estratégica tras la ofensiva de 2025
La Operación León Ascendente golpeó con dureza al programa de misiles y nuclear iraní, desorganizó su cadena de mando y destruyó parte de su infraestructura clave. Eso brindó a Israel y sus aliados una “ventana de oportunidad estratégica”: una pausa para rediseñar la arquitectura de seguridad regional.
Pero esa ventaja podría diluirse con rapidez si Irán logra —invisiblemente— reconstruir su aparato bélico. Por eso, según JINSA, más que una victoria militar puntual, lo que se necesita es un plan sostenido, estructural, adaptativo.
3.2 Riesgo de saturación: producción masiva de misiles de Irán
El informe advierte que, antes de ser golpeado, Irán planeaba expandir su arsenal balístico de 2.500 misiles a cerca de 8.000 hacia 2027.
Si no se refuerza el sistema de defensa, una nueva oleada de misiles —o una guerra prolongada— podría saturarlo y causar daños masivos. Eso pone a Israel y a Occidente en una carrera armamentística urgente.
3.3 El problema de la dependencia: defensa israelí dependiente de EE. UU.
Durante la guerra, gran parte de los interceptores usados fueron estadounidenses —sistemas como THAAD o SM-3—, lo que demostró la dependencia crítica de Israel de apoyo exterior.
Eso implica un problema de soberanía y sostenibilidad: si EE. UU. no refuerza la producción o decide reorientar sus recursos, Israel quedaría vulnerable. Por eso JINSA insiste en una producción conjunta y una defensa compartida con aliados regionales.
4. Principales desafíos y obstáculos para concretar el plan de defensa compartida
Aunque la propuesta de JINSA es clara y estratégica, su implementación enfrenta importantes obstáculos —tanto técnicos, como políticos, diplomáticos y logísticos.
4.1 Desconfianza y tensiones regionales
Muchos países árabes aún tienen profundos desacuerdos históricos, ideológicos o políticos con Israel. La idea de compartir sistemas de defensa avanzados con Tel Aviv podría generar fuertes resistencias internas o externas.
Para que la propuesta prospere, sería necesario un cambio paradigmático: separar la cooperación defensiva de los conflictos políticos pendientes, y convencer a esos países de que la defensa común beneficia la estabilidad regional.
4.2 Costos y limitaciones industriales
Expandir la producción de interceptores, desarrollar sistemas antiaéreos de próxima generación e integrar redes de inteligencia requiere inversiones enormes y plazos largos. No se trata solo de producir misiles, sino de coordinar logística, mantenimiento, intercambio de datos, protocolos comunes, entrenamiento conjunto… un esfuerzo de Estado con compromiso internacional.
Además, muchos países árabes no cuentan actualmente con defensas antimisiles sofisticadas. Adaptar sus infraestructuras podría ser un reto costoso y complejo.
4.3 Riesgo de escalada y represalias
El hecho de que Israel, con respaldo estadounidense, comparta capacidades defensivas con países árabes podría ser interpretado por Irán como una provocación adicional —y un motivo para acelerar su rearme, intensificar su programa nuclear o fomentar acciones indirectas mediante sus proxies regionales.
Por tanto, la estrategia de disuasión debe ir acompañada de diplomacia, sanciones, presión internacional y vigilancia constante. No basta con los misiles: debe construirse un entramado político, de inteligencia y económico que incremente el costo del rearme para Irán.
5. ¿Qué podría cambiar en Oriente Medio? Implicaciones geopolíticas de una defensa aérea regional
Adoptar una defensa integrada entre Israel, Estados Unidos y países árabes abriría una nueva etapa estratégica en Oriente Medio, con efectos potenciales muy amplios.
5.1 Hacia un nuevo orden de seguridad regional
Un sistema antimisiles compartido podría funcionar como una suerte de «NATO antiaérea árabe-israelí»: un escudo colectivo que disuada amenazas comunes, reduzca la dependencia de despliegues extranjeros prolongados y promueva una cooperación deficiente en el pasado.
Ese nuevo orden podría incentivar que más países árabes se distancien de Irán, normalicen relaciones con Israel, y participen activamente en la defensa regional. También podría dar lugar a alianzas militares defensivas más estables.
5.2 Reducción de la presión sobre EE. UU.
Si los países árabes asumen parte de la carga defensiva, EE. UU. podría disminuir sus despliegues en la zona CENTCOM, liberando recursos y reduciendo su exposición directa. Así lo sugiere el informe.
Ese cambio permitiría a Washington enfocarse en amenazas estratégicas globales —como China o Rusia— mientras mantiene su influencia en Oriente Medio mediante cooperación y defensa colectiva, en lugar de presencia militar.
5.3 Riesgo de polarización: Irán como eje opuesto
Una alianza defensiva árabe-israelí podría consolidar la división en la región: por un lado, el bloque pro-occidental con Israel y aliados; por otro, Irán con sus aliados —ya sea por ideología, religión o conveniencia estratégica.
Eso podría generar una nueva dinámica de competencia, con aumento de espionaje, proxies, guerras indirectas, intensificación del rearme, y un clima de tensión permanente.
5.4 Implicaciones para actores globales y seguridad internacional
Un sistema de defensa integrada regional podría disuadir no solo amenazas iraníes, sino también limitar la influencia de actores externos que pretendan exacerbar las tensiones mediante envío de armas, misiles o apoyo a grupos insurgentes.
Además, fortalecería la capacidad de reacción colectiva ante crisis —terrorismo, ataques con drones, ciberataques, amenazas nucleares— aumentando la estabilidad regional y global.
6. Qué se necesita para dar el siguiente paso: desafíos y recomendaciones
Para que la propuesta de JINSA se traduzca en realidad, estos son los pasos clave y los retos que deben superarse:
- Voluntad política: Estados Unidos, Israel y los países árabes interesados deben comprometerse formalmente a un pacto de defensa compartida. Eso implica voluntad de cooperación, transparencia, y superar antagonismos históricos.
- Financiamiento y producción: Debe aumentarse drásticamente la producción de interceptores y sistemas antiaéreos, además de invertir en I+D para sistemas de próxima generación.
- Cooperación en inteligencia: Compartir información en tiempo real, establecer canales de comunicación, interoperabilidad de radares, sistemas de mando y control.
- Estándares comunes: Definir protocolos claros, reglas de compromiso, normativa conjunta y responsabilidad compartida.
- Diplomacia y confianza: Aumentar la integración política, diplomática y de seguridad; fomentar normalización de relaciones; manejar riesgos de represalias iraníes.
- Comunicación estratégica: Transparencia sobre objetivos, evitar estigmatizar países que se sumen, asegurar a la comunidad internacional que la defensa colectiva no busca agredir, sino disuadir.
Conclusión
El informe del JINSA deja claro que la victoria militar de 2025 —aunque significativa— no garantiza seguridad a largo plazo. Lo que brindó la Operación León Ascendente fue una ventana de oportunidad estratégica, un respiro; pero lo que realmente definirá el futuro de Oriente Medio será la capacidad de convertir una ventaja temporal en un sistema de defensa establecido, colectivo y sostenible.
Para ello, Estados Unidos y Israel deben capitalizar su cooperación, no solo para producir misiles e interceptores, sino para construir un nuevo orden de seguridad regional que implique a países árabes, promueva la diplomacia y mantenga una vigilancia férrea sobre Irán. Si no, la amenaza volverá, probablemente más fuerte, y la historia —una vez más— demostrará que las guerras pueden regresar cuando la guardia baja.