El regreso a la patria perdida: los sefardíes turcos

El regreso a la patria perdida: los sefardíes turcos
Desde que en 1492 los Reyes Católicos ordenaran su expulsión de España, la comunidad sefardí ha recorrido un tortuoso camino hasta recuperar el derecho de regresar a su patria.
Según los historiadores, durante el siglo XV al menos 200.000 judíos vivían en la España inquisidora. Tras su expulsión, muchos de ellos huyeron al norte de África, Portugal, sur de Francia y Holanda, aunque su mayoría recalaron en el Imperio otomano, en aquella época un abrigo para el coral confesional perseguido en la oscura Europa.

Con el nacimiento de la República de Turquía, y debido al extremo laicismo impulsado por Atatürk, la comunidad sefardí comenzó a presionar al Estado español parar recuperar la ciudadanía española. El entonces dictador Miguel Primo de Rivera aprobó en 1924 un decreto “sobre la concesión de nacionalidad española por carta de naturaleza a protegidos de origen español”. No obstante, el decreto tuvo poco éxito y en los seis años consecutivos se adherieron a este entre 4.000 y 5.000 personas.
Después de décadas de pugnas burocráticas, finalmente el Gobierno español calificó el pasado mes de octubre de “error histórico” la expulsión de la comunidad sefarad de la Península. El Ejecutivo decidió entonces, mediante la aprobación de un Real Decreto, devolver a los sefardíes su identidad robada.
Actualmente, cerca de 3,5 millones de serfardíes están distribuidos en diferentes partes el mundo de los que tan sólo entre 90.000 y 500.000 podrían acogerse a esta norma que supone la derogación del edicto de expulsión.
Según el Gobierno, mediante la aprobación del Real Decreto “se evita que -los ciudadanos sefardíes- tengan que iniciar un nuevo procedimiento y repetir las gestiones ya realizadas para acreditar su pertenencia a esta comunidad”. Además, los candidatos no tendrán que renunciar a su nacionalidad de origen, según lo dispuesto en la reforma del Código Civil, por lo que todos los ciudadanos podrán, además, obtener la doble nacionalidad.
Desde la derogación del edicto, un total 4.302 sefardíes habrían iniciado los procedimientos para la adquisición de la nacionalidad española para lo que tendrían que presentar una “justificación por apellidos, idioma familiar o indicios que demuestren su pertenencia a esta comunidad cultural, y certificado de la comunidad israelita reconocida en España”.
Concretamente en Turquía, tan sólo tres personas han acudido a la sección consular de la capital, Ankara, para tramitar sus documentos. En Estambul, en cambio, se han registrado numerosas peticiones. “Cada día se tramitan unas 8 peticiones y hay una lista de espera de hasta varios meses”, explican desde el Consulado. Según el experto y doctorando en el Departamento de Estudios Semíticos y Hebreos de la Universidad de Granada, Adrián Martínez Corral, “tras la segunda mitad del siglo XX hay quienes postulaban un acercamiento a España, pero era un movimiento minoritario. Actualmente, si se sienten más cercanos a España, pero es por el atractivo del mundo hispánico aunque generalmente es una cuestión práctica, no una conexión emocional. Ser turco y tener un pasaporte europeo es algo fantástico”.
Es en la página sefardim.com, así como en los documentos emitidos por el BOE relativos al Real Drecreto, donde aquellos ciudadanos que tengan dudas de pertenecer a la comunidad sefardí podrán comprobar si su apellido está contenido en la lista oficial emitida por el Gobierno español. De ser así, tan sólo la presentación del requerimiento en el consulado será suficiente para llevar a cabo el trámite. Además, La Federación de Comunidades Judías de España certificaría la condición sefardí mediante un documento de la autoridad rabínica que demuestre su origen y pertenencia a la comunidad sefardí y su relación con España. Según dicha autoridad, “el que sepa pronunciar en ladino las Borekitas de merendjena tiene mucho camino ganado”.
De igual manera, se concederá la nacionalidad española a aquellos ciudadanos que “prueben su residencia legal en España durante al menos dos años, incluyendo en estos casos a los nacionales de otros países con una especial vinculación con España, como es el caso de las naciones iberoamericanas”.
A la hora de verificar la pertenencia al colectivo sefardí, además de la tradición y las costumbres, íntimamente ligadas a la religión judía, es fundamental haber conservado el idioma judeo-español, -ladino, como se denomina dentro de la comunidad judía-, o derivaciones conservadas durante 500 años como la haketía, especialmente presente en Grecia, Turquía e Israel. “Hablan el idioma, lo entienden, pero generalmente no lo utilizan. Se asocia a un sentimiento identitario, comunitario e incluso religioso pero en ningún momento lo consideran un puente con otra lengua, de hecho, las publicaciones de los diarios judíos en Turquía históricamente hacen referencia a Israel, Turquía o Francia, país con el que si mantienen estrechos vínculos; pocas son las noticias relativas a España”, afirma Martínez Corral.
Durante siglos, la comunidad judía ha tenido en Turquía especial relevancia. Tras la firma del edicto de expulsión, uno de los principales destinos de los judíos fue el Imperio Otomano, dirigido entonces por el sultán Bayezit II, quien sentenció “vosotros decís que Fernando es un rey sabio, él que desterrando a los judíos ha empobrecido a su país y enriquecido el nuestro”. Los sefardíes, entonces, se asentaron en diferentes enclaves del Este de Europa y Anatolia, construyendo importantes núcleos urbanos especialmente en Salónica -a orillas del Egeo-, Estambul o Izmir.
Fue en Estambul donde los judíos sefardíes desarrollaron una extensa red de negocios, e incluso ocuparon relevantes cargos de poder dentro de la administración otomana; también dominaron los céntricos barrios de Galata, Karaköy, Hasköy o Balat, este último caracterizado por ser uno de los enclaves urbanos donde mayor número de sinagogas se pueden encontrar, algunas de ellas hoy en día reconocidas para el culto.
En la época de mayor esplendor Estambul acogió hasta a 60.000 sefardíes, aunque tras la creación del Estado de Israel en 1948, y las tensiones religiosas que precedieron al establecimiento de la República de Turquía, muchos judíos se dirigieron a Tierra Santa, siendo Jerusalén donde finalmente se establecieron.
Sin embargo, el legado sefardí pervive en Turquía pese al paso del tiempo. Actualmente cerca de 20.000 sefardíes viven en el país. Pese a que muchos de ellos perdieron el judeo-español como lengua materna, varios son los proyectos que llevan a la recuperación del idioma y su cultura. Aunque según destaca Martínez Corral, “la mayoría de iniciativas culturales asociadas a la cultura sefardí son de carácter privado, apenas hay nada de carácter público”.
El Centro turco-otomano, la asociación cultural otomano-sefardí, el Museo de los Judíos Turcos o el mantenimiento de los diarios Shalom y El Amaneser son algunas de las muestras de que la cultura sefardí sobrevive tímidamente. “Su peso es cero en la sociedad turca, pero para la comunidad judía sí son relevantes. Además de los sefardíes, los judíos orientales y los ashkenazíes leen estos periódicos. Los guardan con nostalgia. Se emplean para dar noticias acerca de la comunidad e Israel”, subraya Martínez Corral.
Sin embargo, todo este tipo de iniciativas se ven relegadas desde hace años a un segundo plano. “La retórica anti-israelí -del Gobierno- ha hecho que la comunidad se encierre en sí misma y no exponga abiertamente que son judíos. La mayoría de los jóvenes tienen la sensación de ser perseguidos en Turquía y por ello quieren irse del país. Se sienten, quizá en exceso, vulnerables”, afirma el experto. La doble nacionalidad se ha convertido por lo tanto en un refugio psicológico para unos ciudadanos que, intentando pasar desapercibidos, perciben la discriminación religiosa en un país de mayoría sunní.
Beatriz Yubero/ Ankara
Fuente: diarioturco.com

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