ESHET JAIL – Vestir de honorable belleza

La vestimenta de la mujer debe de ser de manera recatada en toda ocasión. Especialmente cuando se dedican a temas consagrados, como ser el estudio de Torá o el rezo.

Desde un punto de vista tradicional no se considera de recato y pudor el que la mujer use la pollera/falda por encima de las rodillas, y entre los más exigentes está no muy bien considerado si es por encima del tobillo.

Leemos el famoso capítulo dedicado a la mujer de valor:

«Fuerza y honor son su vestidura, Engañosa es la gracia y vana es la hermosura; la mujer que reverencia al Eterno, ella será alabada». (Mishlei / Proverbios 31:25,30)

Son las acciones loables las verdaderas vestiduras de una mujer de valor.

Las vestimentas deben proveer de honor, y no ser herramientas de seducción. (Honor de acuerdo a parámetros establecidos por el marco judaico y no por la moda pasajera impuesta por la sociedad y el consumo). La gracia corporal y la hermosura son bienes que se pierden, en tanto no estén acompañadas de un alma que reverencia al Eterno.

La mujer es una persona valiosa, de modo similar al varón, en tanto ser humano, y en tanto sus acciones la valoricen.

Por no ser un objeto, no ser un bien de manipulación, la mujer cuenta con el derecho y el deber a la dignidad personal. Si se rebaja a conquistar por medio de la seducción vacía, y no por méritos propios objetivamente valiosos; está perdiendo la oportunidad de dignificar su existencia y de los que la rodean.

La belleza que entra por los sentidos es buena y agradable. La hermosura es un bien preciado. Pero si es sólo la cáscara de un vacío, o peor, de un horno que consume y no construye, entonces la hermosura es nada, o peor.

Por. Yehuda Ribco

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