La Revolución Francesa y el Pueblo Judío

La Revolución Francesa y el Pueblo Judío
Gracias a la Revolución Francesa en 1789 y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, el panorama político en el mundo entero cambió, ya que todo hombre tenía muy claro desde ese momento que había nacido libre y en igualdad de derechos y condiciones frente a otros, además de que era un derecho que se le reconociera su libertad religiosa, reflejando esto en el caso específico de los judíos su liberación de la segregación medieval de que habían sido objeto. Debido a que la Declaración incluía a todos y cada uno de los ciudadanos en cuanto a sus principios de libertad, igualdad y fraternidad, aunque para los judíos el reconocimiento de su igualdad cívica se dio a raíz de que fueron ellos mismos quienes apelaron a la Asamblea Nacional, constituyendo este hecho una declaración de emancipación que tuvo repercusiones más allá de lo esperado.

Ya que esta segregación y subordinación de que habían sido víctimas se convirtió para esa época, en toda una enfermedad para la sociedad europea. Por tanto, a los judíos no solo se les debía de garantizar tolerancia e igualdad cívica, sino también libertad religiosa y como las ideas liberales de la ilustración se encontraban hasta ese momento en su máximo apogeo, la completa igualdad era sinónimo de los principios rectores de la Revolución.
Ahora, estas reformas no solo afectaron positivamente a los judíos franceses y del resto del mundo, sino además sentaron las bases para que se debieran considerar como ciudadanos  en cualquier lugar, debido a que cuando Napoleón convocó a una asamblea de notables en 1807, llamada por algunos “El Gran Sanedrín,” se reafirmó la hermandad entre judíos y franceses, existiendo pocas diferencias entre los acuerdos que adoptó con estos y los que acordó con las iglesias protestante y católica francesas, quedando hasta ese momento en un segundo plano las preocupaciones por las calificaciones religiosas.
Sin embargo este clima de igualdad y tranquilidad duraría poco, ya que entre los años de 1860 y 1870 un aire de incertidumbre se convertiría en una serie de persecuciones y matanzas que se concretarían después del asesinato del zar reformista Alejandro II en 1880, estallando de esta forma una ola de progroms en la que atacaron, violaron y asesinaron a los judíos,  despojándoles además de todos sus bienes y propiedades.
Así fue que en esa misma época en la que se les garantizó la libertad a los judíos, también se avasalló a muchos de ellos a través de una nueva forma de hostilidad llamada antisemitismo, término acuñado en 1879 apelando a una supuesta inferioridad biológica y a un mal corruptor de la sociedad que era representado por todo el pueblo judío y cuya discriminación fue alimentada por los prejuicios que las mismas iglesias habían creado y fomentado hasta ese momento. Además del anti judaísmo cristiano justificado con todo tipo de argumentos teológicos, extendiéndose con gran fuerza desde Alemania a toda Francia como lo expuso en su libro “El pueblo judío” Nicholas De Lange (2006)  (pp 58-59.)
Pero ahora debemos de ser congruentes con el paso del tiempo y las coyunturas sociales que les ha tocado vivir a todos los judíos que residen en diferentes partes del mundo, ya que en la actualidad el sentido de la vida judía concreta, o contraria a los estereotipos de los sermones, no solo es curiosa para algunos, sino también intangible, variando mucho de un lugar a otro y de una época a otra, mostrando incluso diferencias entre los mismos individuos que la conforman como grupo.
Pero aun así, esta diversidad de aspectos e influencias de la modernidad, no impiden que el antiguo modelo continúe arraigado en el seno del hogar representado por un tradicional y auténtico estilo de vida y como en el caso de los judíos sefardíes y sus descendientes, reflejado no solo en las costumbres que caracterizan a su cultura, sino además en su lenguaje djudezmo espanyol y los ritos y prácticas que a pesar que han transcurrido más de 500 años de historia, aún se niega a morir.
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Marisol Chévez Hidalgo
Licenciada en filosofía
Universidad de Costa Rica

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