Los judíos en Gualeguaychú

Los judíos en Gualeguaychú
La presencia hebrea en la ciudad se remonta a fines del siglo XIX y principios del XX. Este grupo étnico, que enriqueció con su aporte a la sociedad nativa, busca mantener su impronta.

Marcelo Lorenzo
La comunidad judía de Gualeguaychú se fue constituyendo de un modo espontáneo, no masivo ni articulado. Esto si se lo compara con los primeros asentamientos de colonos en el centro de Entre Ríos.
Se sabe que los inmigrantes de esta etnia llegaron en grupos organizados  a partir de 1892, instalándose en colonias agrícolas en la costa del Uruguay, Basavilbaso, Villa Clara y Villa Domínguez.
En cambio el ingreso de los judíos a nuestra ciudad se produjo de manera individual, hasta conformar con el tiempo una comunidad orgánica, según explicaron a EL DIA miembros de la comisión directiva de la Asociación Unión Israelita de Gualeguaychú (AUIG).
Jorge Kesselman, presidente de la entidad, Carlos Vainstein, vicepresidente, y Jaime Vaena, secretario, aseguraron que el origen de la inmigración judía en estos lares no tiene una fecha precisa en el calendario, identificándose más bien con el día de arribo que ha quedado en la memoria de cada familia.
Se diría, entonces, que no hay registro preciso de la presencia judía en la ciudad, salvo los testimonios dispersos y orales transmitidos al interior de los grupos familiares. De hecho, los miembros de la comisión directiva reconocen que falta escribir la historia de esta colectividad local, para dibujar su perfil peculiar en el conjunto de la sociedad gualeguaychuense.
Esa historia, por lo demás, lleva las marcas de la condición judía en el mundo, un pueblo que se ha visto forzado a migrar por las mismas causas: expulsiones, pogromos, persecuciones, antisemitismo.
El siglo XX fue trágico para esta etnia. Durante la Segunda Guerra Mundial, el régimen nazi asesinó a unos seis millones de judíos -hombres, mujeres y niños-, en un intento de aniquilar sistemáticamente a esa comunidad de Europa.
Al respecto Vainstein comentó que cada año la comunidad local se reúne para el Yom Hashoah, en memoria de las víctimas del Holocausto. “Se trata de un fecha muy emotiva  para mi familia. Porque un abuelo y dos tíos quedaron allí”, testimonió.

Los primeros en llegar
“Hubo judíos que llegaron a la Argentina alrededor de 1880. Pero la gran afluencia se produjo después de la Primera Guerra Mundial. América se presentaba, así, como una tierra donde poder vivir y trabajar en paz”, explicó Vainstein al recordar a los primeros inmigrantes.
Muchos judíos que llegaron a la Argentina eran “askenazíes”, ese es el nombre dado a los que vivían en Europa central y oriental. Estos desarrollaron costumbres y un idioma propio, el ídish, que combina vocablos alemanes, eslavos y hebreros.
El otro grupo importante de la inmigración de esta etnia provino del Sefarad, nombre que le ha dado la tradición judía a la península ibérica. De allí nace el término “sefardíes” con que se conoce a los judíos originarios de España y Portugal. Este grupo también desarrollo un perfil cultural propio. Por ejemplo, cultivó el idioma español antiguo, el ladino.
Miembros de estas dos comunidades se instalaron en Gualeguaychú y dada su diversa idiosincrasia permanecieron relativamente distantes unos de otros. Para celebrar el culto se reunían en pequeños grupos, en las casas de familia.
Sefardíes y askenazíes llegaron a tener cada uno su propia sinagoga (lugar de culto y estudio). “Estaban separados, entre otras razones, porque a pesar de que los textos sagrados eran los mismos, hablaban distinto idioma”, explicó Vaena.
A medios del siglo XX la colectividad judía de Gualeguaychú era robusta. Estaba integrada por entre 120 y 130 familias, las cuales desarrollaban entonces una intensa actividad social.
Los judíos en Gualeguaychú

Alrededor de 1940 tres miembros de la comunidad compraron el inmueble ubicado en la esquina de Rivadavia y Santiago Díaz, que pasó a manos de la Asociación Unión Israelita de Gualeguaychú, cuando ésta adquiere la personería jurídica en 1944, y desde entonces constituye la sede social de la colectividad.
En ese lugar está la sinagoga donde se practica el culto judío, centrado en la lectura de la Torá, que es el libro sagrado del pueblo de Israel.
La colectividad israelita local comenzó a perder vitalidad a partir de que muchos jóvenes se fueron a estudiar a otras ciudades, sobre todo a Buenos Aires, y ya no regresaron.
“Hoy tenemos 40 familias asociadas. Y no más de 8 familias por fuera de la institución. Es decir, somos alrededor de 130 personas”, según los cálculos de Kesselman.
Los entrevistados aclararon que muchas familias de la colectividad son mixtas, es decir que algunos de sus integrantes no son judíos. La vida social de este grupo étnico se articula alrededor de algunas fiestas ancestrales.
Las altas celebraciones son Rosh Hashaná (año nuevo) y Yom Kipur (día del perdón). Le sigue el Pésaj (pascua judía), es decir la celebración de la liberación de la esclavitud en Egipto.
La comunidad local no cuenta con un rabino, maestro experto en la Torá. Para el día del perdón, en donde se lee ese libro, viene un oficiante desde Buenos Aires. Pero para otras celebraciones, distintos miembros de la colectividad realizan los rezos del culto.
Un capítulo especial en la tradición hebrea son los cementerios, considerados máximos símbolos de recordación. De ahí que los fallecidos de la colectividad local suelen ser enterrados en los cementerios judíos de Basavilbaso o Concepción del Uruguay.
La AUIG quiere mantener las tradiciones y los ideales judaicos en pie en Gualeguaychú. Y eso significa recrear la cultura en las nuevas generaciones. Con ese propósito, una morá (maestra), está trabajando con niños y adolescentes de la colectividad local, para acercarlos a las costumbres, idioma y tradición hebrea.
“Con esto aspiramos, también, a un recambio generacional en la conducción institucional. Nosotros ya somos mayores y necesitamos gente joven, con nuevas ideas e iniciativas”, explicó Kesselman.
Según los entrevistados, la sociedad nativa fue generosa con los judíos inmigrantes, que lograron así prosperar en la ciudad. Aunque la tolerancia fue la nota distintiva todos estos años, y ha habido convivencia armónica con otros grupos étnicos, Gualeguaychú  sin embargo no escapó a la discriminación.
Por ejemplo, algunas instituciones lugareñas mantuvieron hasta hace pocos años un ridículo cepo al ingreso de judíos como socios. Afortunadamente, esta prohibición ha caído, y miembros de la colectividad hoy forman parte de las comisiones directivas de esas entidades.
Marcados por la persecución
Los judíos sefardíes fueron expulsados de España hace cinco siglos por la política religiosa de los reyes católicos Fernando de Aragón e Isabel de Castilla.
El proceso de unificación del reino, así, incluía la política de hacer católicos por la fuerza a los súbditos. En el caso de los judíos, a los que no se “convirtieron” a la religión dominante, se los expulsó de la península.
Aquellos judíos que en el pasado prefirieron quedarse en España, o en sus dominios americanos, debieron abrazar la religión católica. Los “conversos”, así se los llamó, eran constantemente vigilados por la Inquisición, pero algunos de ellos practicaban en secreto la religión de sus padres.
Los sefardíes llegaron desde un primer momento en buen número a tierra americana, huyendo de la persecución, aunque disimulando nombres y costumbres.
A fines del siglo XIX, con las grandes migraciones que poblaron Argentina, arribaron a con sus nombres propios, usos, ritos, religión y conocimientos ancestrales.
En el caso de los asquenazíes, estos sufrieron el antisemitismo de Europa central y oriental. En 1892, tras el asesinato del zar Alejandro II, la vida de los judíos en Rusia se torno muy dificultosa, ya que se los consideraba enemigos.
Dado el rechazo de los países como Polonia, Alemania, Rumania, y demás, un grupo de judíos interesó al Barón de Hirsch, un banquero de la comunidad, para rescatar a los askenazíes.
Hirsch organizó así la Jewish Colonization Association (JCA), que adquirió tierras en Argentina, y en especial en Entre Ríos, para fundar colonias agrícolas. En 1894, por caso, la JCA compra 40.630 hectáreas en los departamentos Uruguay y Gualeguaychú y creó Colonia Lucienville, con centro urbano en Basavilbaso.
Uno de los grandes legados de los llamados “gauchos judíos”, según la célebre expresión de Alberto Gerchunoff, fue el cooperativismo, como forma de organización económica. En Basavilbaso, por caso, crearon la primera cooperativa de Latinoamérica.
Según Vaena, los judíos que vinieron a Entre Ríos eran básicamente artesanos y también había entre ellos intelectuales. “Tenían una profesión y no sabían nada de las tareas de campo. Aprendieron a la fuerza a cultivar la tierra. Las colonias agrícolas prosperaron, pero con el tiempo la mayoría de los colonos emigró a las ciudades buscando una vida mejor para sus hijos”, relató.

Historias de familia
Los antepasados de los entrevistados reflejan la diversidad de la inmigración judía. Los Vaena, por ejemplo, replican la historia de aquellos sefardíes que, expulsados de España, recalaron en Turquía y de allí vinieron a la Argentina.
El padre de Jaime, Moisés, vivía en Esmirna (Turquía) junto a sus padres y tres hermanos menores. “Durante la Primera Guerra Mundial, quedaron huérfanos y él, con menos de 18 años, trabajó en el Correo, porque manejaba distintos idiomas”, recordó Vaena.
Esto les permitió sobrellevar la circunstancia bélica sin pasar penurias. Con ellos vivía su primo Luciano, que había sido enviado allí a estudiar por su padre que residía en Brasil. Al terminar la guerra, este último organizó el viaje de regreso a América de su hijo.
Junto con él llegaron Moisés y sus hermanos, quienes quedaron en Gualeguaychú al cuidado de dos tías que residían desde hacía algunos años en la ciudad. “Mi papá llegó en 1919, con 17 años de edad. Y comenzó a trabajar en el negocio de la familia. En tanto que sus hermanos menores estudiaron en la Escuela Rawson”, relató Jaime.
La historia de los Vainstein y de los Kesselman, en tanto, está vinculada a la inmigración askenazí, es decir la de aquellos judíos provenientes de Europa oriental que huyeron del antisemitismo.
Moisés Vainstein, padre de Carlos, vivía en Polonia. Llegó a la Argentina en 1931 con 16 años, y sin saber hablar castellano. “Le mandaron un pasaje para que pudiera venir. Llegó a Irazusta donde vivía su hermano, que le dio una mano para empezar. Se hizo así trabajando, de a poco”, recordó.
Luego Moisés se fue a Almada, donde comenzó con una modesta venta de bebidas y comestibles. Con el tiempo, el negocio creció y entonces construyó un galpón en la ruta que iba a Urdinarrain.
“Un paisano le presentó a una chica -relató Carlos-, que era hija de inmigrantes judíos rusos que vivían en Basavilbaso. Con ella se casó y luego nació mi hermano mayor. Tiempo después se trasladaron a Urdinarrain, donde mi padre tenía su negocio en las afueras. Allí nacimos yo y mi hermano menor. Con la intención de que estudiáramos mi padre decidió finalmente mudarse a Gualeguaychú, adonde llegamos en 1956, integrándonos a la colectividad”.
Por su lado, Jorge Kesselman contó que sus padres, Moisés Kesselman y Sara Banchik, nacieron en Argentina, pero sus abuelos vinieron de Rumania en 1901, como parte de la inmigración organizada por la JCA.
“Desembarcaron en Buenos Aires y se alojaron en el Hotel de Inmigrantes. Luego los enviaron por tren a Basavilbaso, instalándose en la colonia ‘Las Mil Trescientas’. Las familias de mis padres estaban a pocos kilómetros de distancia. Tiempo después se conocieron y se casaron en Basavilbaso”, historió Jorge.
Y añadió: “Mis padres se fueron a Santa Fe donde mi padre comenzó a estudiar y al mismo tiempo trabajaba en una tienda. No tenían casa para vivir, se alojaban en un hotel y había nacido mi hermana Frida. Mi abuelo los convenció que no podía seguir en esa situación y con la ayuda de los hermanos de mi madre, los Banchik de Concepción del Uruguay, que tenían negocio y una buena posición económica, se instalaron en Gualeguaychú. Mi padre al principio se dedicó a la venta de nafta. Falleció joven de un infarto y mi madre, junto con mi hermano Elías, siguieron con el negocio familiar. Después me incorporé yo. Y sigo hasta hoy en el comercio, en el rubro relacionado con los automóviles”.

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