Los judíos en la España medieval

A mediados del siglo X, el centro del saber, tanto secular como religioso, se desplazó de Mesopotamia a al-Andalus, en la península Ibérica. Allí existían comunidades de judíos mucho antes de la llegada de las legiones romanas; durante largo tiempo habían sido víctimas de persecuciones, sobre todo bajo el reinado de los visigodos, que se convirtieron al cristianismo en el siglo VI. La llegada de los musulmanes trajo la paz para los hispanojudíos, quienes pasaron a ocupar importantes cargos como hombres de estado, médicos, banqueros o eruditos.
A mediados del siglo X, el centro del saber, tanto secular como religioso, se desplazó de Mesopotamia a al-Andalus, en la península Ibérica. Allí existían comunidades de judíos mucho antes de la llegada de las legiones romanas; durante largo tiempo habían sido víctimas de persecuciones, sobre todo bajo el reinado de los visigodos, que se convirtieron al cristianismo en el siglo VI. La llegada de los musulmanes trajo la paz para los hispanojudíos, quienes pasaron a ocupar importantes cargos como hombres de estado, médicos, banqueros o eruditos. 
Los estudiosos judíos contribuyeron al posterior desarrollo del renacimiento en Europa, gracias a las traducciones que, en unión con los musulmanes, realizaron de los clásicos griegos, persas e hindúes. A través de ellos estas obras llegaron al resto de la Europa occidental. Este periodo constituye realmente la edad de oro de la literatura y el pensamiento judíos.

Con la decadencia del dominio musulmán en la península Ibérica, a mediados del siglo XIII terminó ese pacífico periodo. Bajo el reinado de la monarquía católica, los judíos fueron degradados al nivel en que lo estaban los demás judíos europeos. Durante la edad media, las persecuciones de judíos en los países cristianos fueron sistemáticas, muchas de ellas desencadenadas por el pueblo, espoleado por algunos predicadores religiosos, con la benevolencia de los dirigentes políticos. Durante las Cruzadas, en medio del fervor religioso de la época, cientos de judíos fueron asesinados. En 1215, el Concilio de Letrán, convocado por el papa Inocencio III, proclamó una política oficial de restricciones inspirada en el código de Umar, y ordenó que todos los judíos usaran insignias distintivas. Los judíos fueron objetos de desprecio en toda Europa. 

En algunas ciudades fueron obligados a vivir en áreas especiales, llamadas juderías, y privados de libertad de movimiento. Durante los siglos XIII y XIV, muchos monarcas europeos llenaron sus arcas después de confiscar las propiedades de los judíos y de echar de ellas a sus dueños. En 1290, el rey Eduardo I de Inglaterra redujo a la miseria y expulsó de la isla a los judíos ingleses. El rey Carlos VI de Francia siguió su ejemplo en 1394, terminando prácticamente así con la presencia de los judíos en este país hasta la Revolución Francesa. Durante el periodo de expansión de la peste negra (siglo XIV), las masacres de judíos se hicieron comunes por toda Europa, al culpárseles de haber causado la plaga mediante el envenenamiento de los pozos de agua. 

En la península Ibérica los judíos sufrieron persecuciones periódicas, que en ocasiones dieron lugar a conversiones masivas. En muchos casos estas conversiones eran meramente externas; surgió una clase de conversos llamados marranos, que si bien profesaban la religión cristiana en público, seguían fieles al judaísmo en secreto. La Inquisición, creada en 1478, persiguió a estos conversos; y en 1492 todos los judíos que no aceptaron el bautismo fueron expulsados de España. También fueron expulsados de Portugal en 1497.

Los judíos exiliados del oeste europeo se refugiaron en la Europa oriental y central. Cientos de hispanojudíos (sefardíes) emigraron a los territorios europeos del Imperio otomano, que aún mantenía la política islámica de tolerancia. En el siglo XVI, Constantinopla se convirtió en el hogar de la comunidad judía más importante de Europa. La mayoría de los expulsados de Inglaterra, Francia, Alemania y Suiza se estableció en Polonia y en Rusia. 

En 1648 la comunidad judía polaca contaba con más de 500.000 individuos y llegó a tener una administración autónoma dentro del reino de Polonia, que se convirtió en el centro de la cultura judía de aquel entonces. Pero pronto llegarían las persecuciones, entre 1648 y 1658, lideradas por los seguidores de Bohdan Khmelnytsky (c. 1595-1657), jefe de los cosacos de Ucrania. 

Estos ataques llevaron a la destrucción de muchísimas comunidades de judíos, y con ellos comenzó la decadencia de las juderías de la Europa oriental. Los judíos se vieron privados del derecho a ejercer profesiones liberales, pertenecer a gremios de artesanos, explotar propiedades agrícolas y poseer grandes empresas, y fueron obligados a vivir del pequeño comercio.
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