Los sefardíes de Colombia recuperan sus raíces

Han pasado cinco siglos, más de 500 años de diáspora para los sefardíes desde que en 1492 fueron expulsados de España, una herida que ha comenzado a sanar para 160 de ellos que en Bogotá recobraron sus raíces junto a la ciudadanía que les permite pronunciar la palabra ladina “aboltar”.

Los pasos que llevaron a sus familias hasta Colombia son diversos pero todos tienen un origen común, el Edicto de Granada con el que los Reyes Católicos expulsaron en 1492 a todos los judíos de España, Sefarad para los hebreos.

Con el gentilicio de una tierra a la que no podían volver muchos iniciaron un periplo que les llevó al norte de África, el Imperio Turco o a Oriente Medio.

“Venimos de España, (mis antepasados) pasaron a Egipto, después a Israel y llegaron a Panamá”, explica a Efe Jacqueline Brandwine, cuya familia terminó en Colombia.

Ella es una de las primeras 160 beneficiadas en la nación andina por una ley de junio de 2015 promulgada por España para redimir aquel edicto de 1492 y devolver la nacionalidad a todos aquellos sefardíes que han pasado los últimos 523 años con el recuerdo de una tierra que sintieron como su hogar durante siglos.

Con notable emoción, juró la noche del la Constitución española en un sencillo acto junto a otros 145 judeoespañoles que han encontrado su hogar en Colombia.

Para ella, encontrar sus raíces ha sido como “un teléfono roto”, jugar a una “adivinanza” compleja que le ha llevado a recorrer las juderías de medio mundo sobre el papel como hizo sobre el terreno el cronista sefardí Benjamín de Tudela en pleno siglo XII.

“Siempre me sentí sin casa, siempre me sentí a la deriva, sin pertenecer a nada. Éramos minoría y tener la oportunidad de sentirnos acogidos (en España) volver a nuestras raíces se siente muy bien”, subrayó Brandwine.

Similar es la historia de Isaac Azud, otro de los colombianos que se ha visto beneficiados por la norma española. A sus casi 80 años, recuerda como su padre llego a Colombia en 1923, 18 años después de nacer en Jerusalén.

El camino de su familia que terminó en Colombia tuvo escalas en Marruecos antes de llegar a la Palestina Británica, el sueño para cualquier hebreo con origen en Sefarad o cualquier otro punto del globo.

El rencor no aparece en las palabras de un hombre que reconoce tener la piel de gallina antes de jurar la Constitución española: “Ya nosotros, en toda nuestra infancia, nunca se mencionaba eso (la expulsión), así que no lo sentimos tanto como la gente que estaba más cerca”.

Añade que “claro que fue terrible, no se puede negar, pero la forma cómo se está haciendo el perdón y todo no hay ningún problema, queremos mucho a los españoles”, asegura Azud.

La llegada de los sefardíes a España no se conoce con certeza, pero se estima que comenzó con la colonia romana.

En Hispania florecieron y vieron caer el poder de Roma. También nacer y extinguirse la dominación visigoda y bizantina para escribir sus páginas más notables bajo la bandera de Al-Ándalus musulmán y la progresiva Reconquista cristiana.

Sin embargo, el mismo año en que los pendones rojos de Castilla refulgían sobre las almenas de la Alhambra de Granada marcando el fin de la Reconquista los Reyes Católicos firmaron el edicto que los expulsaba de sus hogares.

Durante siglos han mantenido vivo el recuerdo de la vida que dejaron atrás e incluso han conservado las llaves de sus casas.

Muchos de quienes ahora han recibido la nacionalidad han tenido ocasión de volver al país del que fueron expulsados sus padres aún antes del acto de reconciliación y al pasear por lugares tan simbólicos como la Sinagoga del Tránsito de Toledo y han sentido lo más parecido a la añoranza.

“Sentí nostalgia, a veces es triste ver como una comunidad llegó a florecer hasta cierto punto en que pudo tener esas edificaciones y y simplemente fueron olvidadas”, comenta a Efe Salomón Korn, que no sólo ha obtenido ahora el pasaporte sino que también lo ha conseguido para su hijo.

El nuevo arraigo a más de 8.000 kilómetros lo comparte Marc Reynes, que afirma sentir “que de alguna forma hace parte de eso”, lo que ahora, pasaporte español en mano, lo hace todavía “mucho más bonito de ver y vivir”.

Ahora cuando vuelva a su país, la nación de la que expulsaron a sus antepasados, las palabras de exilio del poeta granadino y sefardí Moses ibn Ezra sean sólo dibujos en el papel: “Tengo el pelo blanco, mas el cabello del Tiempo no ha encanecido, y los días del exilio han vuelto a la juventud”.

Tal vez entonces, todos ellos puedan leer con mayor virtud al cordobés Maimónides y objetar su máxima de que “los seres que no poseen elemento corpóreo no están sujetos a destrucción o daño; por consiguiente la verdadera obra de Dios es toda buena, pues que es existencia”.

Ahora tendrá dos hogares, uno en el país de sus ancestros y otro en el de sus padres.

Fuente: elcolombiano.com

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