domingo, octubre 25, 2020

Parashá Shoftim: Nuestra influencia sobre los demás










“¿Quién es el hombre que tiene miedo y es blando de corazón? Que se vaya y regrese a su casa, para que no influencie el corazón de sus hermanos como el suyo”1. La Torá le ordena a todo el que teme ir a la guerra dejar el campo de batalla por la influencia negativa que su comportamiento tendrá en sus compañeros, quienes al ver su temor pueden llegar a sentirlo ellos mismos, algo que obviamente terminará siendo perjudicial.
Shoftim (Deuteronomio 16:18-21:9)
“¿Quién es el hombre que tiene miedo y es blando de corazón? Que se vaya y regrese a su casa, para que no influencie el corazón de sus hermanos como el suyo”1. La Torá le ordena a todo el que teme ir a la guerra dejar el campo de batalla por la influencia negativa que su comportamiento tendrá en sus compañeros, quienes al ver su temor pueden llegar a sentirlo ellos mismos, algo que obviamente terminará siendo perjudicial.

El Rambán cita la opinión del Behag, quien dice que esta mitzvá es una de las 613 mitzvot2. Rav Jaim Shmuelevitz dice que la raíz de esta mitzvá es que está prohibido actuar —en cualquier área de la vida— de una manera que influya negativamente a los demás. Esta prohibición aplica incluso si la acción es justificada pero puede ser interpretada de manera negativa, por lo que destaca el cuidado que debe tener un estudiante de Ieshivá de no perder las sesiones de estudio, incluso cuando tiene una razón válida, porque puede que los demás desconozcan la razón y aprendan a ser menos estrictos con su propio estudio3.

Rav Shlomo Zalman Auerbach aplicó este principio a la ley judía: una persona podía ir a dos minianim de shajarit (servicio matutino), de los cuales uno era mucho más lento que el otro. Por ser más lento, ese minián permitía una mayor concentración, pero si rezaba en él esta persona debía irse antes del final. Rav Auerbach respondió que podía rezar en el minián más lento pero que debía expresarles a los presentes la razón por la que se iba antes para que no aprendieran —a partir de sus acciones— a actuar de manera incorrecta4. A pesar de respetar la ley, esta persona debía tener cuidado de las consecuencias que su accionar podría tener en los demás5.

Uno podría preguntarse por qué una persona debería ser juzgada por la manera en que sus acciones influyen a los demás, siendo que no hay nada intrínsecamente malo en ellas; se nos ordena respetar las 613 mitzvot, si una persona las cumple, ¿por qué debería sufrir cuando los demás la imiten negativamente?

Rav Jaim de Volozhin ztz”l escribe que en la shemoná esré de Rosh HaShaná decimos que Hashem juzga el maasé ish upekudató. Maasé ish significa las acciones de la persona; ¿a qué se refiere pekudató? Rav Jaim explica que cada persona tiene una esfera de influencia más allá de sí misma, que incluye a su familia, sus estudiantes y a toda persona que entra en contacto con ella. La forma en que influye a esas personas por medio de sus acciones es pekudató y es juzgada también por ello. Si por observar el comportamiento de un individuo alguien mejora su avodat Hashem (servicio Divino), ese individuo recibe una recompensa mucho mayor. Por el contrario, si ocurre lo opuesto, será juzgado por su parte en los pecados de los demás al igual que es juzgado por los propios6.

Nuestras acciones no ocurren en una burbuja, siempre hay alguien observándolas. Por lo tanto, siempre debemos estar conscientes del efecto que podemos tener en los demás, incluso cuando no nos comunicamos con ellos de manera directa.

Como vemos, podemos ser recompensados gracias al efecto positivo que tenemos en nuestros semejantes. Una manera de hacerlo es siendo un buen ejemplo en nuestro accionar y, así, inspirar a los demás a emularnos7.

Rav Aron Kotler nota que es muy difícil criticar a alguien sin avergonzarlo, y explica que una forma de ayudarlo a crecer —sin riesgo de causar dolor— es criticarlo con el ejemplo (actuando de manera que inspire a los demás a emular el buen comportamiento)8. Por ejemplo, quien llega siempre puntual a shajarit puede influenciar a sus amigos a hacer lo mismo; quien trabaja todo el día pero destina todos los días una cantidad de tiempo fijo al estudio es un ejemplo para quienes no encuentran el tiempo para estudiar con regularidad. Quien se cuida de hablar lashón hará hace, con su sola presencia, que cometer ese error sea más difícil para quienes lo rodean.

Rav Kotler agrega que si una persona sobresale en cierta área de avodat Hashem para provocar un efecto en los observadores, cumple de esa manera la mitzvá de amonestar. El recto Rav Neftalí Ámsterdam decidió traer a todos los judíos de vuelta a la Torá. Cuando le preguntaron cómo pensaba hacerlo, contestó: “Decidí respetar todas las leyes del Shulján Aruj9 al pie de la letra. Así, serviré como una personificación del Shulján Aruj y todo el que quiera cumplir la Torá podrá ver en mí un ejemplo viviente de un judío completo y aprender de mí cómo volver a la Torá”10.

Rav Shmuelevitz se atreve a decir que hacer que otros cumplan una mitzvá es incluso más importante que hacer la mitzvá uno mismo. Una de sus pruebas es una Guemará en Sotá11: la Guemará dice que el cuerpo de Yehudá no halló descanso hasta que Moshé rezó por él y mencionó uno de sus méritos. Moshé le dijo a Dios: “¿Quien hizo que Reubén confesara su pecado [de trasladar el lecho de su padre]? Yehudá [cuando confesó el incidente con Tamar]”. Rav Shmuelevitz señala que el único mérito que Moshé mencionó en su plegaria fue que Yehudá hizo que Reubén confesara. ¿Por qué no mencionó el gran mérito de la confesión de Yehudá, un acto que requirió un mayor coraje y que salvó la vida de tres almas? Estamos forzados a responder que ayudar a nuestro prójimo a crecer espiritualmente es incluso mejor que nuestra propia acción y que, por lo tanto, el efecto que la acción de Yehudá tuvo en Reubén fue más importante que la acción misma12.

Nunca podemos saber cuándo nuestras acciones podrán influenciar a otros. Como veremos en las siguientes historias verdaderas, incluso las acciones más mínimas pueden tener un gran efecto.
Anticipando la presencia de una gran multitud en el shul en Iom Kipur, Rav Elia Dushnitzer cortó, él mismo, pedazos de papel higiénico para el gran baño del shul de Pétaj Tikva13. Un israelí secular se detuvo a mirar lo que hacía. “¿Por qué está haciendo eso?”, preguntó. “Mañana va a haber mucha gente y no quiero que nadie tenga problemas”. Después de convertirse en un báal teshuvá, el israelí explicó lo que lo motivó a hacer el cambio: “Fue el rabino. Cada corte de papel hizo una marca profunda en mi corazón”14.

Moshé tenía dudas sobre ir a una Ieshivá o no, pero finalmente decidió asistir a una para ver cómo eran los jóvenes allí. Mientras caminaba por el comedor alguien tropezó con él, haciéndolo desparramar su café sobre otro joven que estaba sentado en una mesa. Sin dudarlo ni un segundo, el joven saltó y gritó: “¡Simón, trae rápido otra taza de café para Moshé!”. Moshé decidió que si así eran los bajurim de una Ieshivá, entonces él quería quedarse. Luego, Moshé se convirtió en Rav Moshé Shwab, el mashguiaj (supervisor espiritual) de la Ieshivá de Gateshead15.

Los personajes de estas historias fueron los catalizadores para los grandes cambios que otras personas hicieron en sus vidas; la recompensa que recibieron no fue sólo por su mera acción. La Mishná en Pirkei Avot escribe que una persona que beneficia a otras recibe beneficios increíbles16: comienza diciendo que “no será causa de pecado” (muchos comentaristas explican que esto significa que recibirá una gran asistencia Celestial para evitar el pecado17 y continúa describiendo a Moshé como un ejemplo de un mezaké derabim (alguien que beneficia a los demás); además, dice que esta persona recibe recompensa por todas las mitzvot que otros hicieron gracias a ella, como si las hubiera hecho ella misma.

Basado en lo antedicho, Rav Aron Kotler nota que quien hace que otros realicen mitzvot recibe una recompensa inmensa por sus acciones. “Es imposible imaginar la inmensa ganancia que tiene una persona al hacerlo: amerita protección Celestial adicional para no tropezar con el pecado y también una gran cantidad de méritos, algo que le hubiese sido imposible lograr por medio de su propio libre albedrío18. Continúa diciendo que estas acciones también pueden ayudarlo en el Juicio Celestial: la Guemará dice que los libros de la Vida y de la Muerte son abiertos en Rosh HaShaná. Tosafot explica que los muertos también son juzgados19. ¿Para qué son juzgados? Rav Kotler responde que incluso después de la muerte, las acciones cometidas en el mundo continúan teniendo un efecto en los demás, positiva o negativamente. Así, si una persona ayuda a otros generando beneficios duraderos, puede continuar cosechando recompensa por su acción incluso después de su muerte20.

Notas

1 Shoftim 20:8.
2 Rambán, Ibíd.
3 Sijot Musar, Maamar 94, pp. 399-403.
4 Kleinman, Praying with Fire, pp. 99-100, citando Halijot Shlomó (tefilá), Cap. 1, simán 2. Citado también en Tefilá Kehiljatá, Cap. 2, nota al pie 28.
5 Es posible que el fallo de Rav Auerbach no aplique a todas las situaciones, dado que puede haber comunidades en donde se entiende que cuando las personas se van antes es por una buena razón. Para clarificar cada caso hay que consultar con una autoridad ortodoxa.
6 Citado en Séfer Kerem HaTzví, de Rav Tzvi Hirsch Farber, Nitzavim, citado en Meorei Tefilá de Rav Imanuel Bernstein, p. 207.
7 La otra forma principal es alentar directamente a las personas a crecer en su avodat Hashem. Ambas formas son obligatorias; en este ensayo nos enfocamos en cómo las acciones propias pueden influir positiva o negativamente en los demás sin una comunicación directa.
8 Mishnat Rebi Aaron, Cap. 1 pp.252-3.
9 Escrito por Rav Yosef Karo, es la obra fundamental de ley judía.
10 Zaitchik, Sparks of Mussar, p.109.
11 Sotá 7b.
12 Sijot Musar, ibíd. pp. 402-3.
13 Hay una prohibición de cortar en Shabat y Iom Tov, por lo que uno debe tener papel higiénico precortado.
14 Kaplan, Major Impact, p. 96.
15 Ibíd., p. 95.
16 Pirkei Avot 5:21.
17 Ver Perush Hamishnaiot de Rambam en esa Mishná. Ver también la Guemará en Iomá 87a con Rashi.
18 Mishnat Rebi Aaron, Ibíd., p. 246.
19 Rosh Hashaná 32b.
20 Ibíd. p. 252.

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