Preparándonos para Purim

Este sábado se agrega a la parasha, Tetzavé que está en el segundo libro de la Torá, un breve texto tomado del quinto, Devarim “Acuérdate de lo que hizo Amalec contigo en el camino, cuando salías de Egipto; de cómo te salió al encuentro en el camino, y te desbarató la retaguardia de todos los débiles que iban detrás de ti, cuando tú estabas cansado y trabajado; y no tuvo ningún temor de D-os. Por tanto, cuando el Señor tu D-os te dé descanso de todos tus enemigos alrededor, en la tierra que el Eterno tu D-os te da por heredad para que la poseas, borrarás la memoria de Amalec de debajo del cielo; no lo olvides”. (Devarim 25, 17-19). Esta lectura, una de las cuatro especiales que se hacen antes de Pesaj, da su nombre al sábado todo: Shabat Zajor, el sábado de la memoria.

Muchos estudios han comprobado que las mujeres tienen más recuerdos de la infancia que los hombres y que con mayor facilidad acceden a evocaciones pasadas que ellos. Ello se nota más en eventos que dejan un impacto en la emoción. Esos recuerdos influyen en el contenido y la complejidad de acontecimientos autobiográficos sean o no construidos socialmente. Pareciera que la mujer, que es la que transmite la memoria histórica a sus hijos desde sus relatos de cuna con los que sus hijos van a dormirse, tiene, una función especial como mantenedora y transmisora de la memoria.
Así resulta fácil comprender que es lo que empuja a las mujeres, particularmente en Israel, a reunirse este sábado para participar en la lectura colectiva del relato sobre Amalec.
 
Amalec, hijo de Timná, concubina de Elifaz hijo de Esaú y ascendiente de Haman es la figura que intenta desangrar a los judíos y amenaza la propia existencia del pueblo. Si la Torá no lo hubiera nombrado, seguramente nadie sabría hoy de su existencia. No hay ningún aporte realizado por ese pueblo a la civilización. Aparece entre los cuatro reyes que combatieron a Abraham (Génesis 14:7), en las profecías de Bilam (Números 24:20), en el libro de Jueces (5:14 y 12:15), y sus acciones deben ser recordadas hasta que se puedan borrar sus acciones de la historia. Sus acciones merecieron en su tiempo la orden de ser borrados de la faz de la historia. En nuestros días, esa orden significa actuar para que quienes buscan dañar y desangrar al otro por su pertenencia étnica, grupal o religiosa no vean frutos en sus empeños y sus episodios no puedan ser inscritos en la historia para no tener que borrarlos nuevamente. El deber es borrar de la faz de la tierra a “los hijos” de aquellos que persiguen al otro sin otra causa que su odio irracional. La memoria permite no ser condescendiente con los despiadados, desalmados y deshumanizados, como dicen nuestros sabios, porque como consecuencia de ello uno se convierte en inhumano con los compasivos, clementes, misericordiosos y caritativos. Una de las funciones de la memoria histórica es saber quién está a cada lado del bien y no transigir con el mal.
 
Así como Purim es una fecha en la que la mujer en la figura de Ester ocupa un lugar central, así en el shabat de la Recordación, no puede encontrarse fuera de la memoria y en esta fecha oirá el recordatorio del mandato de borrar a los amalecitas de la faz de la tierra.
 
La mujer puede cumplir lo dicho por el rey Salomón “Si el que te aborrece tuviere hambre, dale de comer pan, Y si tuviere sed, dale de beber agua” (Mishlei 25:21) cuando percibe que ese descendiente de Amalec desea abandonar su odio y rechazarlo cuando distingue que intenta copiar a Haman, y también está dotada por el principio del mismo autor en Qohelet (Eclesiastés 7:16) “No seas demasiado justo, ni seas sabio con exceso; ¿por qué habrás de destruirte?”, compadeciéndose de los infractores y absteniéndose a denunciarlos. Ser demasiado justo, en este caso, es ser socio de la impunidad, la arbitrariedad y el atropello. La memoria no debe permitir esa mezcla en ningún otro día que en Purim en el que por la alegría, uno no puede distinguir entre ‘maldito Hamán y bendito Mordejai’.
 
Purim sameaj!
ETHEL KATZ BARYLKA

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