¿Quiénes son los Anusim?

La palabra “Anusim” significa “forzados” o “coaccionados”, en hebreo. El singular es “Anús”. Este término comenzó a usarse ya en tiempos de la Mishná y el Talmud, hace más de dos mil años, para hablar de aquellos que se veían forzados a transgredir las leyes del judaísmo bajo la amenaza de muerte o de otros daños físicos, síquicos o económicos.

En algunas ocasiones, esta transgresión se convertía en una apostasía general del judaísmo, como por ejemplo cuando en el año 1391 amenazaron de muerte a los judíos españoles, y les perdonaban la vida solo cuando aceptaban abandonar el judaísmo y bautizarse. Así se creaba un nuevo grupo de judíos que se veían obligados a comportarse como cristianos, sin que tuvieran la indispensable convicción interior. En algunos casos seguían practicando el judaísmo en secreto, y en otros casos intentaron olvidarse de su pasado.

Sin tener en cuenta de momento si su actuación fue correcta o no, debemos tener en cuenta que según el judaísmo, el judío no pierde su condición como tal por el hecho de cometer una o muchas transgresiones. Puede merecerse o no unos castigos, pero sigue siendo judío. El Talmud lo expresa en una famosa frase que dice “el mirto, aunque esté entre espinas, sigue siendo mirto y sigue llamándose mirto”.

Directrices del judaísmo

Quisiera exponer las directrices del judaísmo al dilema que tuvieron a la hora en que les amenazaban de muerte si no se bautizaban. No son tan difíciles de comprender.

Vivir en ellos

En general, el Talmud dice que está prohibido ponerse en peligro de muerte por el cumplimiento de los mandamientos, ya que ellos nos dan vida y no pueden causarnos muerte. Debemos vivir en ellos, y no morir por su culpa.

De todos modos, no siempre rige esta norma, ya que hay tres mandamientos que sencillamente no vale la pena seguir viviendo si los transgredimos, como son la prohibición de idolatría, el derramamiento injusto de sangre y el incesto (que en realidad incluye también todas las relaciones sexuales prohibidas).

El resto de los mandamientos, incluso aquellos muy graves, como el tema de la comida Casher, del descanso sabático, de las fiestas judías, cuando debe confrontarse con el peligro de muerte, debemos saber que la vida es más importante que el cumplimiento de estos mandamientos. Si alguien amenaza a un judío diciendo que si no le prepara una comida en Shabat lo matará, pues debe preparar la comida para no morir.

Decretos de exterminio

Todo esto, en condiciones en que aquellos que quieren coaccionarnos lo hacen por estrechos intereses suyos, cuando necesitan que les prepares algo en Shabat bajo pena de muerte, o que comas comida que no es Casher, etc.

Solo en ocasiones extremas, la coacción se convierte en un grave problema: cuando se convierte en un tema de principios; no porque quieran que comas tal alimento prohibido o que no trabajes en Shabat, sino porque no quieren que seas judío.

Si este es el caso, está terminantemente prohibido transgredir cualquier tipo de mandamiento, por leve que sea y aunque le cueste la muerte al judío, ya que de cuando está en la balanza la propia identidad del judío, no puede vivir en farsa toda su vida.

Pérdidas de dinero

Algunas veces se encontraban los judíos en dilemas muy difíciles, cuando comprendían que iban a perder todas sus propiedades en caso de tener que escapar por no verse obligados a bautizarse. Algunos de ellos prefirieron quedarse por no perder sus heredades, pensando que la locura de los antisemitas no duraría mucho y que al poco tiempo podrían regresar al cumplimiento del judaísmo.

Por supuesto que esto no era suficiente excusa para quedarse. Debían haberlo dejado todo por amor al Creador. Así afirmamos a diario (Deuteronomio 6:5): “Amarás al Señor tu D-os con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” y estas fuerzas se refieren a tu capital. Este versículo nos obliga a poner el amor al Creador muy por encima de cualquier otro amor, por sublime que sea. Incluso el amor a la familia.

Salvar a la Familia

En teoría, quien se encuentra en una situación en que debe huir, abandonando a su familia, para poder cumplir los mandamientos divinos, debe hacerlo sin remordimientos. Pero una de las obligaciones de la Torá es salvar de todo peligro a nuestros compañeros, y sobre todo a nuestra propia familia.

Y el peor peligro es cuando se ven expuestos a perder su alma, su mismísima personalidad, en manos de los idólatras. Y por lo tanto cuando se quedaban para salvar a sus familias no transgredían, mientras estuviera claro que a la primera oportunidad se escapaban todos del ingrato país en que habitaban.

Consagrar el Nombre Divino

La obligación de no dejarse seducir por los misioneros o los inquisidores sino permanecer fiel al judaísmo emana de un mandamiento que dice (Levítico 22:32): “Y no profanaréis mi santo Nombre, y me santificaré dentro de los Hijos de Israel”. En realidad son dos mandamientos que dependen uno del otro: santificar el Nombre Divino y no profanarlo.

Al ser responsables con nuestras obligaciones, todos aquellos que nos ven aprecian nuestra muestra de seriedad, sobre todo cuando las condiciones nos son contrarias y muy difícil, y con esto se santifica el Nombre Divino. Y al contrario cuando algún judío menosprecia el judaísmo, no presta atención a sus deberes, aunque sea en casos de adversidad y peligro: quienes le vean dirán que esta religión no es apreciada por sus mismos fieles y con ello se profana el Nombre Divino.

Cuando los judíos fueron amenazados, en el año 1391 y en otras muchas ocasiones, y algunos (muchos) judíos, al temer la muerte, aceptaron la conversión al cristianismo, con ello tuvo lugar una gran profanación del Nombre Divino, junto a otro fenómeno opuesto, cuando muchos otros estuvieron dispuestos a morir santificando el Nombre Divino. Lo mismo ocurrió cien años más tarde, en 1492, cuando el dilema era conversión o expulsión dejando todas las pertenencias en España.

Muchos conversos intentaron rectificar más tarde, emigrando a las tierras del Nuevo Mundo, pensando encontrar allí condiciones más favorables, sin saber que la Inquisición los perseguiría hasta los lugares más recónditos de los Andes, de la Sierra Madre, de la gran selva amazónica.

Hoy en día se produce un fenómeno muy especial cuando los descendientes de aquellos que casi perdieron su identidad judía en condiciones horrorosas en España y en la América Latina (muchos de ellos llegaron a los estados sudeños de los EEUU), quinientos o seiscientos años más tarde, van regresando poco a poco a sus raíces judías en un proceso lento pero seguro. No hay consagración del Nombre Divino más grande que ésta, cuando despiertan ‘momias’ que llevaban tantos siglos dormidas y recuperan sus plenas facultades.

¡Qué gran honor tenemos al ser partícipes de este proceso divino! Vivimos uno de los momentos históricos más importantes de la vida de la Humanidad y le agradecemos al Creador el favor de poder hacer algo en su favor.

Fuente: Shavei Israel

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