La guerra entre Israel e Irán dio un giro sin precedentes el 18 de marzo de 2026, cuando la Fuerza Aérea israelí bombardeó el campo de gas South Pars, ubicado en la provincia de Bushehr, en el suroeste de Irán. Se trata del mayor yacimiento de gas natural del mundo, compartido con Qatar, y su ataque supone la primera vez que Israel golpea infraestructura gasífera iraní desde el inicio del conflicto.
El operativo fue coordinado y aprobado por la administración Trump, según confirmaron fuentes israelíes y estadounidenses. La respuesta de Teherán no tardó: Irán lanzó misiles contra la ciudad industrial de Ras Laffan en Qatar, causando daños extensos, y amenazó con atacar refinerías y complejos petroquímicos en Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. Los precios del crudo y el gas natural se dispararon de inmediato en los mercados internacionales.
El ataque a South Pars: un nuevo umbral en el conflicto
Las instalaciones de gas y petróleo en South Pars y Asaluyeh, en la provincia de Fars, fueron alcanzadas por un ataque aéreo israelí el miércoles 18 de marzo de 2026. Esta es la primera vez que Israel ha golpeado instalaciones de gas natural en Irán, activos clave para la economía del país.
South Pars no es simplemente otro activo de hidrocarburos. Junto con el North Dome de Qatar, forma el campo de gas natural más grande del mundo, con una estimación de 1.800 billones de pies cúbicos de gas y 50.000 millones de barriles de condensado. La participación de Irán representa aproximadamente el 36% de sus reservas probadas de gas y alrededor del 5,6% de las reservas mundiales.
Coordinación con Estados Unidos
El ataque fue coordinado entre la oficina del primer ministro israelí y la Casa Blanca. Un tercer funcionario precisó que «Estados Unidos estaba al tanto del ataque, pero no fue parte de él». El objetivo fue enviar una señal a Irán de que, si continúa perturbando el suministro de petróleo a través del Estrecho de Ormuz, podría producirse una escalada en el ataque a sus instalaciones energéticas y un agravamiento de la crisis económica del país. Trump describió el operativo como dejar a Irán «fuera de negocio».
La respuesta de Irán: amenazas a todo el Golfo
Ataque a Qatar y advertencias regionales
Qatar’s state-run energy company confirmó que los ataques con misiles iraníes sobre su principal instalación de gas causaron «daños extensos», aunque no se reportaron bajas de personal. Irán declaró que cinco instalaciones en Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y Qatar serían atacadas en las próximas horas, entre ellas la refinería SAMREF y el complejo petroquímico Jubail en Arabia Saudita, el campo de gas Al Hosn en los EAU, y la refinería Ras Laffan y el complejo petroquímico Mesaieed en Qatar.
Arabia Saudita intercepta misiles
Arabia Saudita interceptó cuatro misiles balísticos lanzados hacia la ciudad de Riyadh; un fragmento de uno de ellos aterrizó cerca de una refinería al sur de la capital, según el Ministerio de Defensa.
Impacto en los mercados energéticos globales
Los precios del petróleo y del gas natural europeo se dispararon: el Brent subió un 3,8% hasta situarse en 107,38 dólares por barril, mientras que el índice de referencia del gas en Europa avanzó un 6%.
El cierre efectivo del Estrecho de Ormuz por parte de Irán, una vía marítima crítica por la que transita aproximadamente una quinta parte del petróleo y el gas natural licuado del mundo, ha disparado los precios de la energía a nivel global.
Iraq reportó una interrupción en el suministro de gas iraní tras el ataque a South Pars, mientras que las instalaciones de Ras Laffan en Qatar comenzaron a ser evacuadas.
Reacciones internacionales
El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Qatar, Majed al-Ansari, condenó el ataque israelí sobre South Pars, señalando que el campo de gas iraní es una extensión del North Field catarí, y calificó el operativo como «un paso peligroso e irresponsable en medio de la actual escalada militar en la región».
Rusia también condenó el ataque cerca de la planta nuclear de Bushehr y pidió a Estados Unidos e Israel que detengan los ataques contra las instalaciones nucleares de la República Islámica. La Agencia Internacional de Energía Atómica confirmó que una estructura a 350 metros del reactor nuclear de Bushehr fue destruida, aunque sin daños al reactor ni heridos entre el personal.
Una guerra que escala hacia la energía global
Israel ha ido más allá de los objetivos militares y nucleares para golpear el núcleo económico del poder iraní, señalando un giro hacia la guerra de desgaste económico en la que los sistemas energéticos se convierten en blancos primarios.
La asimetría estratégica es evidente: Israel cuenta con infraestructura energética doméstica comparable limitada y vulnerable a represalias directas, mientras que Irán opera dentro de una región donde los activos energéticos están densamente agrupados. Teherán no puede replicar fácilmente el ataque, pero puede imponer costos en un sistema regional más amplio apuntando a productores del Golfo, rutas de navegación o infraestructura offshore.
