La historia de un soldado reservista que volvió a su hogar: “Es un orgullo defender mi lugar y no me iría a otro país”

La historia de un soldado reservista que volvió a su hogar: “Es un orgullo defender mi lugar y no me iría a otro país”
Ariel Goldgewicht, participó en todas las operaciones militares de Israel desde finales de los años ’90, incluida la última en Gaza, y luego de ser convocado por un mes en las reservas volvió a su casa junto a su mujer y sus tres hijos. Durante estos días lo principal fue “la solidaridad social del pueblo judío. Recibimos miles y miles de dibujos, cartas y bendiciones, con las que cubrimos una pared entera en la base”.

Ariel Goldgewicht salió del Ejército hace 14 años y es reservista. Cuando comenzó la Operación Margen Protector, tuvo que dejar su hogar al ser convocado nuevamente. La semana pasada recién pudo volver a su casa con su mujer y sus tres hijos. Sin embargo, para él los héroes no son sólo los soldados que van al frente, sino las mujeres. “Para mí, los verdaderos héroes son las madres, que se quedan solas con los chicos. Mi esposa, Efrat, decoró el refugio con sábanas en el techo y les dijo a los niños que estaban de campamento hasta que papi regresara, y todas las noches durmieron en colchonetas en el piso”, contó Goldgewicht en una entrevista exclusiva a la Agencia Judía de Noticias (AJN).
Goldgewicht, que se desempeña como director del departamento de Latinoamérica de KKL en Israel, participó en todas las operaciones militares de Israel desde finales los años ‘90 y, según él, en cada una sobresale algún tema. En este caso, lo principal fue “la solidaridad social dentro del pueblo judío”.
“Tanto a nivel nacional como internacional, fue totalmente inesperada y sumamente drástica la solidaridad. Por ejemplo, desde la primera semana que nos enrolamos recibimos en la base cajas de individuos de Israel y el exterior que simplemente querían ayudarnos con algo: papitas, dulces, chocolates, gaseosas, camisetas, ropa interior, champú, jabón, desodorante, etcétera. La cantidad de donaciones que recibimos fue impresionante, para dar un ejemplo, teníamos una habitación en la base que estaba llena de cajas de una gaseosa, y vos decías: ‘¡No puede ser!’”, relató Goldgewicht.
“Cada vez que recibíamos un paquete, venía con el dibujo de un niño, una bendición que escribió alguien o una tarjeta que decía: ‘Hola, mi nombre es tal, vivo en tal lugar y quería apoyar esto. Col hacavod (mis respetos) por todo lo que hacen’. Para mí, esas cartas eran sumamente importantes, así que les pedí a los soldados que las pegaran en uno de los paneles principales de la base, y para el último día que estuvimos había miles y miles de dibujos, cartas y bendiciones cubriendo una pared entera, que para mis soldados y yo fue muy especial.”
“Lo más motivador de todo fue saber que todo el mundo judío estaba detrás de nosotros”, expresó emocionado Goldgewicht para transmitir al mundo su orgullo por haber participado en la defensa de Israel y la importancia de los mensajes de apoyo de todos los judíos, incluso de la diáspora.
“Siempre puede haber personas que estén de acuerdo o no con una operación, pero en este caso sentimos y entendimos claramente que era muy necesario estar ahí, y si bien todas las veces que hago la Reserva tengo problemas con algunos soldados que no pueden venir por algún tema de trabajo o en la casa o están de viaje, esta vez no los hubo y todos querían estar.”
Durante esta operación, Goldgewicht afirmó que “la sociedad judeo-latinoamericana tenía muchas ganas de apoyar a Israel, pero lamentablemente ha sido muy difícil debido a que casi todo el Departamento de América Latina en Israel fue reclutado al Ejército, aunque el enorme apoyo mundial, con los esfuerzos aquí en Israel, permitieron que KKL tuviera un papel sobresaliente en la protección de los ciudadanos en el sur”.
“Es un orgullo ser partícipe de los esfuerzos nacionales tanto a nivel de la ayuda del Keren Kayemet como en el Ejército”, explicó tras ser consultado sobre qué experiencia positiva le dejaba esta situación para aportar al KKL.
Goldgewicht vive en Modi’ín, ciudad que tiene una edad promedio relativamente baja, lo que generó que cuando llamaron a Miluím (Reserva), la ciudad se vació de hombres. Durante este mes, el apoyo social femenino fue impresionante y cuando los soldados regresan, se encuentran con mucha gente en situaciones muy similares. Así, crean un vínculo social muy fuerte”.
“Tengo el honor, y placer de vivir en un lugar y tener un nivel de vida tanto emocional como social a los cuales estoy dispuesto a defender, aunque no soy una persona de naturaleza luchadora o militar, ni me gusta estar rodeado de armas, pero es un orgullo tener este gran lujo… no me iría a vivir a otro país. Una de las cosas más importantes es la sensación de ‘pertenecer’; es decir, es especial ser parte del Ejército cuando todos tienen 18 años y provienen de diferentes partes del país, situación económica, niveles educativos, etcétera, y si van a alguna unidad especial, como yo, tienen mucho en común respecto de sus sentimientos hacia el Estado de Israel. Pero en la Reserva es diferente, porque el grupo está conformado por personas de diferentes edades y de distintas etapas de la vida; entonces hay gente que recién salió del Ejército, otros están en la universidad, otros están pensando en un paseo por Latinoamérica, otros somos casados, tenemos hijos y estamos avanzados en una carrera”, contó Goldgewicht.
“Puedes salir a una misión en la cual el tipo que está al lado tuyo es director de un departamento de una empresa de hi-tech (alta tecnología) casado con hijos y del otro lado hay un pibe de 21 años que acaba de salir del Ejército y está buscando novia, y la unión emocional y social entre ellos es increíble. No logro pensar en qué otro ámbito en el que podría pasar algo así, con tal nivel de confianza, entre dos personas que nunca se habrían conocido, y ni hablar del hecho de que los “amigos” del ejercito general son por tres años, pero los amigos de miluim son por 20 años, sin duda esto crea un vinculo social particular.”
Según el director del departamento de Latinoamérica de KKL, “gracias a este contacto se creó una especie de hermandad que se amplía a toda la sociedad israelí”.
Por otro lado, consultado sobre la declaración en contra de Israel expresada por algunos países de Latinoamérica, Goldgewicht opinó que se trata de “simple ignorancia”. “En cierto nivel quisiera pensar que los países que tienen líderes inteligentes y formados, puede ser que no sean amigos de Israel porque consideran que ser amigos de países petroleros probablemente sea mejor; lo puedo entender, aunque no esté de acuerdo. Pero que alguien importante y educado salga a decir cosas como que los soldados israelíes hacen esfuerzos especiales para asesinar a sangre fría a niños palestinos no tiene que ver con la lógica de las relaciones internacionales o la diplomacia, eso es odio y antisemitismo, y cualquier persona que lo piense no tiene idea de cómo se vive en Israel y quiénes son los israelíes”.
“Justamente ayer estaba sentado con un embajador de un país latinoamericano a quien conozco hace varios años y sabe quién soy, y me comentó que le daba mucha vergüenza el comportamiento de su país y que a pesar de todos sus esfuerzos por tratar de explicarle a su gobierno cómo es la realidad en Israel, hacen oídos sordos”, reveló Goldgewicht.
“Cualquier persona con un poco de lógica, inteligencia y apertura mental puede entender exactamente quiénes son los que utilizan a su propia población como escudo y quiénes son los que la protegen, quiénes le dan valor a la vida y quiénes no, quienes invierten todos su recursos en túneles terroristas de destrucción y quienes invierten sus recursos en educación, medicina y apoyo social. Basta con ver el ejemplo de Guilad Shalit: si bien estaríamos contentos de haberlo regresado a cambio de un terrorista, no fuimos los que pusimos el precio de mil terroristas a cambio de un soldado, fueron ellos los que le dijeron a sí mismos y al mundo entero que en sus ojos un simple soldado israelí equivale en valor de mil “palestinos”. Me daría mucha vergüenza ser un terrorista árabe cuyo liderazgo me haga entender que valgo un 0,001 por ciento de lo que vale un soldado israelí.”
En referencia a las expresiones antisemitas, como las pintadas de esvásticas que se visualizaron en ciudades como Buenos Aires, La Paz o Caracas, Goldgewicht consideró que “no faltan excusas para que se produzca antisemitismo, no necesitan esperar a que Israel haga algo”. “Es parte del doble estándar en que vivimos: todo el mundo sabe que están muriendo cientos de miles de personas alrededor del mundo, pero solamente condenan a Israel, pero esperaría que países con un poco de lógica vean eso y digan: ‘Señores, esto es un error’. No puede ser que según la comisión de los derechos Humanos de la ONU, el país más violador de los derechos humanos es Israel… nada se escucha de Siria, Irán, Sudan, Rusia, Ucrania, China, Corea del Norte… Pero si no lo ven es porque no quieren, y eso se llama antisemitismo simple y sencillo. No estoy insinuando que Israel sea perfecto, no lo es, hay mucho que podríamos mejorar tal y como todos los países del mundo… criticar es positivo, pero todo debe ser basado en proporciones adecuadas… una persona que piense que Israel es el peor criminal universal, en mi opinión, no sólo es ignorante sino que también es antisemita.”
Por último, Goldgewicht encontró un motivo para verle el lado positivo a un momento tal doloroso para la nación: “De todos los lamentables sufrimientos creados en ambos lados en conflicto siempre sale algo bueno: aprendemos a tolerarnos y extrañarnos los unos a los otros; es como una pareja de novios que hasta que no pasa un par de semanas separados no recuerdan lo que es extrañar, y eso pasa a nivel nacional. Todos los hogares a nivel nacional que enviaron un representante a esta guerra, ya sea soldado general o miluimnik (reservista) comparten una experiencia inolvidable, no sólo de satisfacción social nacional sino que también de fortalecer la relación con sus seres queridos… a veces extrañar es bueno”.
Finalmente, para resaltar el compromiso de quienes participan, Goldgewicht destacó: “En el Ejército intentan que cada una semana o diez días, todo soldado vuelva al menos una noche a su casa, que no nos olvidemos por qué estamos luchando y a quien estamos defendiendo, y de repente vino el encargado y me dijo: ‘Tus soldados no han salido adecuadamente a casa. Hoy liberas a dos y cuando vuelvan mañana, salen otros dos, y así sucesivamente’. Los reuní a todos y les dije: ‘Chicos, hoy se tienen que ir dos porque ya llevamos dos semanas adentro, ¿quiénes quieren?’, y ninguno levantó la mano. Todo el mundo quiere irse a casa, pero ninguno estaba dispuesto a ser el que se iba. Decían, ‘este es mi lugar este es el momento, y nosotros somos los indicados’… Eso nunca me había pasado y me lo llevo como experiencia”.

“En mi opinión, los conflictos violentos nunca son buenos, pero con un poco de esfuerzo, es posible sacar amplios aspectos positivos, inclusive de las experiencias más extremas.”

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