Durante una visita estratégica a las instalaciones de la Compañía del Oleoducto Eilat Ashkelon (EAPC), el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, reafirmó su compromiso inquebrantable con dos de los objetivos más críticos del actual gobierno: la erradicación total de Hamás y la liberación de todos los rehenes aún cautivos. El mensaje fue claro y contundente: “No habrá más Hamás. Se acabó.”
Acompañado por el ministro de Energía Eli Cohen, el ministro David Amsalem y el alcalde de Ashkelon Tomer Glam, Netanyahu aprovechó esta visita no solo para agradecer a los trabajadores del sector energético por su esfuerzo durante la Operación León Ascendente, sino también para trazar un futuro energético prometedor para Israel. A través de esta declaración, el líder israelí proyecta una visión de seguridad nacional inseparable del crecimiento económico y la estabilidad energética.
Una visita estratégica en un momento clave
El recorrido por las instalaciones de EAPC no fue una simple inspección técnica. Representó una oportunidad para el primer ministro de consolidar su narrativa de fuerza y futuro. Netanyahu fue recibido por Amit Shaked, CEO de la compañía, junto con la alta gerencia y líderes del sector energético.
Durante la visita, se abordaron temas fundamentales como la expansión de la capacidad energética del país, el impacto positivo de la producción de gas natural en la economía nacional, y la proyección de ingresos de casi 300 mil millones de NIS en la próxima década.
La visita también tuvo una fuerte carga simbólica: se realizó en Ashkelon, una ciudad frecuentemente afectada por el conflicto con Hamás, lo que subraya la relevancia de conectar la defensa nacional con la resiliencia y autosuficiencia energética.
“No habrá más Hamás”: Un mensaje firme al mundo
Netanyahu no se anduvo con rodeos al declarar que el capítulo de Hamás está llegando a su fin:
“Les digo: no habrá más Hamás. No habrá más Hamastán. No vamos a volver a eso. Se acabó. Liberaremos a todos nuestros rehenes.”
La frase “Hamastán” ha sido utilizada por muchos para describir el enclave de Gaza bajo el control de Hamás desde 2007. Con esta afirmación, Netanyahu lanza un mensaje tanto a la comunidad internacional como a su propio electorado: no habrá concesiones en el objetivo de desmantelar la estructura terrorista de Hamás.
Frente a críticas que sostienen que la erradicación de Hamás y la liberación de los rehenes son metas contradictorias, el primer ministro respondió con firmeza:
“¡Qué disparate! Van de la mano. Juntos, al contrario de lo que se dice, lograremos esto.”
Una visión energética que trasciende el conflicto
El componente energético de este discurso no fue menor. Netanyahu explicó que, a pesar de las críticas previas sobre los riesgos de desarrollar la industria del gas natural, los resultados han sido inequívocamente positivos:
“Se prevé que los ingresos por gas en la próxima década asciendan a casi 300 000 millones de NIS. Recordarán que se argumentó al respecto: ‘Esto destruirá la economía israelí’. Esto no la destruyó. Está fortaleciendo la economía israelí.”
La visión de Netanyahu implica un ambicioso plan de conectar Asia, Oriente Medio y la Península Arábiga con Occidente a través de corredores energéticos, en los que Israel jugaría un papel clave como intermediario y proveedor de infraestructura:
“Conectaremos Asia, todo Oriente Medio y la Península Arábiga, con sus inmensos recursos energéticos, con Occidente.”
Este planteamiento no es solo geopolítico, sino profundamente estratégico. Israel se posiciona así como un eje de tránsito y desarrollo en el nuevo mapa energético regional.
La Operación León Ascendente: Un punto de inflexión
La visita también sirvió para honrar a quienes trabajaron incansablemente durante la Operación León Ascendente, una ofensiva que marcó un antes y un después en la lucha de Israel contra las amenazas regionales.
Netanyahu expresó su agradecimiento al sector energético por mantener funcionando al país incluso bajo ataques:
“Ustedes proporcionaron a todo Israel, a cada fábrica e infraestructura israelí, la energía necesaria. Y cuando hubo daños, ustedes actuaron, hicieron reparaciones y seguimos adelante juntos.”
Este reconocimiento es importante para fortalecer la moral nacional y enviar un mensaje de unidad: mientras las FDI luchan en el frente, los trabajadores del sector civil sostienen la infraestructura del país.
Seguridad y economía: una sola visión estratégica
Netanyahu dejó en claro que los objetivos de seguridad y desarrollo económico no solo no son contradictorios, sino que son complementarios. En su visión, el fortalecimiento militar de Israel debe ir acompañado de una economía robusta, sostenida en parte por los ingresos del gas y las inversiones en infraestructura energética.
“Un poder decae, otro asciende. El poder en ascenso es el Estado de Israel.”
La declaración tiene resonancia geopolítica, insinuando un cambio en el equilibrio de poder regional e incluso global, donde Israel, gracias a su resiliencia, tecnología y estrategia energética, emerge como una potencia estabilizadora.
Proyecciones económicas y geoestratégicas: Israel en el centro
Con ingresos energéticos proyectados que alcanzan los 300 mil millones de NIS en la próxima década, Israel se encuentra ante una oportunidad histórica. Este crecimiento podría financiar no solo la reconstrucción de las zonas afectadas por el conflicto, sino también el fortalecimiento del sistema educativo, de salud y defensa.
Además, la visión de conectar Oriente con Occidente a través de Israel permitiría convertir al país en un hub logístico y energético de primer nivel, multiplicando su influencia en alianzas con países árabes moderados, Europa y Asia.
La dimensión espiritual y nacionalista del mensaje
Netanyahu también apeló a una dimensión más profunda, mencionando “la ayuda de Dios” como parte del proceso:
“Esto ocurrirá con la ayuda de Dios, de nuestros amigos que nos acompañan y de ustedes.”
Esta mención tiene resonancia en el electorado más religioso y nacionalista, para quienes la supervivencia y éxito de Israel no es solo una cuestión estratégica, sino también espiritual. En tiempos de guerra, estos elementos ganan peso y relevancia política.
Unidad nacional: “Juntos lo lograremos”
El discurso cerró con una nota de cohesión:
“Seguiremos juntos. Juntos lo lograremos y juntos triunfaremos.”
En medio de una sociedad que ha experimentado fuertes tensiones internas en los últimos años, este llamado a la unidad nacional busca generar un sentido de propósito colectivo. La energía, la seguridad y la liberación de los rehenes son presentados como causas comunes que trascienden las divisiones partidarias.
Una nueva etapa para Israel
La declaración de Netanyahu, “No habrá más Hamás. Se acabó.”, no es simplemente una frase retórica. Representa la consolidación de una doctrina que combina la defensa activa del país con una visión económica ambiciosa y una infraestructura energética sólida.
El mensaje es contundente: la derrota de Hamás y la liberación de los rehenes no son objetivos excluyentes, sino que forman parte de un mismo proyecto nacional. Uno que apuesta por un Israel fuerte, independiente, conectado con el mundo y con la capacidad de ofrecer prosperidad a sus ciudadanos.
En un momento en que la región vive tensiones crecientes y desafíos impredecibles, Netanyahu presenta un Israel resiliente, preparado para liderar, resistir y prosperar. Bajo esta visión, el conflicto no es el fin, sino el punto de partida hacia una nueva etapa histórica.