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Israel se mantiene al margen del conflicto entre EE.UU. e Irán mientras crece la tensión en Ormuz

Teherán busca imponer su control sobre el estrecho de Ormuz, y atacar a Israel no le sirve a ese objetivo. La calma regresa, pero la amenaza iraní sigue sin resolverse.

Mientras Estados Unidos e Irán completan diez noches consecutivas de ataques mutuos en el marco de un alto el fuego cada vez más precario, Israel ha optado por observar desde la periferia. Según un análisis publicado por el corresponsal diplomático del Times of Israel, esa distancia no es casual: Teherán concentra su ofensiva en imponer su control sobre el estrecho de Ormuz, un objetivo para el cual golpear a Israel no aporta ninguna ventaja estratégica.

Fuerzas estadounidenses volvieron a atacar territorio iraní el lunes, en la décima noche consecutiva de una escalada de ataques y contraataques que coincide con el día 34 del alto el fuego de 60 días firmado por ambas partes en junio. El Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) mantiene su ofensiva centrada en centros de mando militar iraníes, capacidades marítimas, sitios de lanzamiento de misiles y drones, y sistemas de defensa aérea.

Irán, por su parte, continúa disparando misiles y drones contra países árabes de la región, alegando que apunta a activos estadounidenses desplegados allí. Aunque los combates se mantienen, por ahora, en una escala limitada, persiste el riesgo de una escalada mayor. Durante el fin de semana, dos soldados estadounidenses murieron en un ataque iraní en Jordania, mientras que un tercero falleció en Irak.

Israel, al margen por elección propia

Para sorpresa de algunos observadores, Israel no ha participado en esta ronda de enfrentamientos. Irán ha atacado territorio jordano, en las inmediaciones de la frontera israelí, pero hasta el momento no ha disparado contra el Estado judío.

Eso no garantiza que la situación se mantenga así. En una reunión de seguridad convocada por el primer ministro Benjamín Netanyahu el lunes por la noche, funcionarios de defensa informaron al foro que existe un debate activo en Teherán sobre si conviene arrastrar a Israel al conflicto.

Por ahora, sin embargo, Israel observa de cerca desde un segundo plano. El ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, lo resumió así: «Israel no tiene interés en sumarse a la confrontación contenida entre Irán y Estados Unidos». Según el análisis, esa lectura es correcta: tras el desconcierto que generó en Jerusalén el memorando de entendimiento firmado por el presidente estadounidense Donald Trump el 17 de junio, los acontecimientos comenzaron a moverse en una dirección más favorable para los intereses israelíes.

Con todo, la amenaza que representa Irán no se resolverá si la situación actual se prolonga indefinidamente.

Una pelea que no es de Israel

Para la nueva conducción iraní, hay un resultado de su reciente enfrentamiento con Washington y Jerusalén —que Teherán interpreta como una victoria— que se impone sobre todos los demás: el control del estrecho de Ormuz.

Irán interpreta el memorando de entendimiento de junio como un reconocimiento implícito de su autoridad para regular el tránsito de buques por esa vía clave y cobrar lo que considere apropiado. Ahora busca imponer esa lectura al resto del mundo.

Con decenas de embarcaciones cruzando a diario, a comienzos de este mes, un corredor marítimo meridional en aguas de Omán, escoltadas por la Marina estadounidense, Irán vio cómo su capacidad de negociación se erosionaba, junto con la posibilidad de obtener un reconocimiento formal de su control permanente sobre Ormuz.

Para demostrar que habla en serio, Irán retomó los ataques contra buques civiles que cruzan el estrecho el 6 de julio, apostando a que el daño económico infligido —tanto al mundo como al electorado estadounidense— forzaría a Trump a ceder ante sus exigencias sobre Ormuz.

En ese cálculo, Israel simplemente no es relevante. Atacar al Estado judío no acercaría a Teherán a su objetivo de presionar a Trump para que retome la mesa de negociación.

Israel, listo si lo necesitan

De hecho, según el análisis, Israel recibiría con beneplácito la oportunidad de sumarse activamente al conflicto. Irán conoce bien la capacidad militar israelí: fue Israel, y no Estados Unidos, quien eliminó a decenas de altos mandos iraníes —incluido el entonces líder supremo Ali Khamenei— en las dos guerras que ha librado contra Teherán.

Como reconoció públicamente el propio canciller iraní, los servicios de inteligencia israelíes han logrado una penetración profunda dentro del régimen. Si Israel se ve arrastrado al conflicto por un ataque iraní, o si recibe luz verde de Washington, podría desplegar nuevas capacidades, en la línea de la base de drones que estableció en secreto dentro de territorio iraní antes de la Operación León Ascendente de 2025.

A esto se suma que, pese a la retórica beligerante de Trump, los ataques estadounidenses siguen siendo limitados y se concentran en las capacidades que permiten a Irán amenazar Ormuz. Israel, en cambio, probablemente no operaría bajo esas mismas restricciones, un factor que también podría incidir en los cálculos de Teherán.

Una calma temporal, no una solución

Por ahora, Israel no tiene motivos para interponerse en una tendencia que le resulta favorable: Estados Unidos continúa erosionando las capacidades militares iraníes y sigue sin liberar los miles de millones de dólares que Teherán reclama para su economía.

Aunque el vicepresidente estadounidense JD Vance ha insinuado responsabilizar a Israel por el estancamiento de las negociaciones con Irán, esa parece ser una posición cada vez más aislada. Cada día que pasa refuerza la percepción de que los líderes iraníes no actúan como socios de buena fe, y de hasta dónde están dispuestos a llegar para conseguir sus objetivos.

El estancamiento diplomático también incrementa los incentivos para que los países árabes de la región profundicen su cooperación en materia de inteligencia y seguridad con Israel, en momentos en que su apuesta por resolver la tensión con Irán por vía diplomática pierde credibilidad.

Mientras tanto, la población israelí no enfrenta sirenas ni corridas nocturnas a los refugios. Los vuelos regresan gradualmente a Ben Gurión, y una sensación de normalidad se ha instalado, con los israelíes concentrados en planes vacacionales de verano y en las disputas de la próxima campaña electoral.

Sin embargo, según el análisis, esta situación —cómoda pero inesperada— es transitoria. Irán no ha hecho ninguna concesión respecto de su programa nuclear y, según reportes de inteligencia israelí, podría estar preparándose activamente para retomar el enriquecimiento de uranio. Tampoco se han resuelto las otras amenazas que Irán representa para Israel: su programa de misiles balísticos y su red de milicias proxy, ninguno de los cuales forma parte de las conversaciones —hoy suspendidas— entre Teherán y Washington.

Esas amenazas seguirán representando un desafío peligroso para Israel y la región mientras subsista la República Islámica. Los bombardeos nocturnos de Estados Unidos podrían debilitar al régimen, pero no lo derribarán.

La conclusión del análisis es clara: Israel debería aprovechar esta calma mientras dure, porque, tarde o temprano, una nueva guerra con Irán parece prácticamente inevitable.

Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Por qué Israel no participa en los ataques entre EE.UU. e Irán?

Porque el objetivo central de Irán es imponer su control sobre el estrecho de Ormuz, un objetivo para el cual atacar a Israel no representa ninguna ventaja estratégica.

¿Existe riesgo de que Irán ataque a Israel?

Sí. Funcionarios de defensa israelíes informaron que existe un debate activo en Teherán sobre si conviene arrastrar a Israel al conflicto, aunque hasta ahora no se han producido ataques directos.

¿Qué dijo el ministro Bezalel Smotrich sobre el conflicto?

Smotrich afirmó que Israel no tiene interés en sumarse a la confrontación entre Irán y Estados Unidos, ya que la situación actual favorece los intereses israelíes.

¿Se ha resuelto la amenaza nuclear iraní?

No. Según reportes de inteligencia israelí, Irán no ha hecho concesiones sobre su programa nuclear y podría estar preparándose para retomar el enriquecimiento de uranio.

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