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Kibutz Ramat Yohanan: 80 Años de Legado en Canciones y Danzas de Shavuot, Renacido en el Arte Contemporáneo

Descubre cómo el Kibutz Ramat Yohanan celebra 80 años de las icónicas canciones y danzas de Shavuot de Leah Bergstein y Mattityahu Shelem con una exposición de arte pionera, reflexionando sobre la tradición, la comunidad y la resiliencia en Israel.

En el corazón del norte de Israel, el Kibutz Ramat Yohanan se erige no solo como un testimonio de la vida comunitaria y agrícola, sino también como un faro de herencia cultural. Este año, el kibutz se viste de gala para conmemorar un hito trascendental: el 80º aniversario de la primera vez que sus campos y plazas resonaron con las canciones y danzas de Shavuot creadas por dos de sus miembros más ilustres, la coreógrafa Leah Bergstein y el compositor Mattityahu Shelem. En 1945, estos pioneros sentaron las bases de una tradición que se convertiría en emblemática de la celebración de la cosecha en la emergente nación. Hoy, bajo la visionaria dirección de la artista Noam Edry, miembro del kibutz, esta rica herencia cobra nueva vida a través de «As the Sheaf Passes» (Mientras Pasa la Gavilla), una extensa exposición de arte contemporáneo que transforma todo el kibutz en un museo viviente, uniendo el pasado con el presente de una manera profundamente significativa.

Shavuot en el Mosaico Cultural del Kibutz: Una Celebración de la Tierra y la Comunidad

La festividad de Shavuot, conocida como la Fiesta de las Semanas o la Fiesta de la Cosecha (Jag HaKatzir), ocupa un lugar central en el calendario judío y, de manera muy especial, en la vida de las comunidades kibutzianas de Israel. Históricamente, Shavuot conmemora la entrega de la Torá en el Monte Sinaí, pero también marca el final de la cosecha de cebada y el comienzo de la cosecha de trigo, así como la ofrenda de los primeros frutos (Bikurim) en el Templo de Jerusalén.

En los kibutzim, estas antiguas tradiciones agrícolas encontraron una resonancia particular. Fundados sobre principios socialistas y un profundo amor por la tierra de Israel, los kibutzim vieron en Shavuot una oportunidad para celebrar los frutos de su arduo trabajo colectivo, la conexión con el ciclo de la naturaleza y la renovación de su compromiso con la comunidad. Las ceremonias de Shavuot en los kibutzim se convirtieron en elaboradas producciones que incluían desfiles de tractores adornados, la presentación simbólica de los «primeros frutos» de cada rama agrícola (desde productos lácteos hasta frutas y verduras), y, de manera crucial, canciones y danzas folclóricas que narraban la vida agrícola. Estas danzas a menudo imitaban movimientos como el segar el trigo con guadañas o el llevar cestas rebosantes de fruta fresca, conectando a los participantes directamente con el espíritu de la cosecha.

En este contexto, la contribución de Leah Bergstein y Mattityahu Shelem en Ramat Yohanan no fue meramente una adición al folclore existente, sino una fuerza formativa que ayudó a definir la estética y el espíritu de estas celebraciones en todo el país. Su visión era crear ceremonias que marcaran los momentos cruciales de las estaciones agrícolas y el calendario judío, infundiéndoles un sentido de autenticidad y pertenencia a la nueva realidad del Eretz Israel previo al estado.

Los Arquitectos de la Tradición: Leah Bergstein y Mattityahu Shelem

La historia de las celebraciones de Shavuot en Ramat Yohanan, y por extensión en gran parte del movimiento kibutziano, está intrínsecamente ligada a las vidas y el genio creativo de Leah Bergstein y Mattityahu Shelem. Ambos eran inmigrantes, pioneros que llegaron al Israel pre-estatal con sueños y talentos que florecerían en el fértil suelo cultural del kibutz.

Leah Bergstein: La Visionaria de la Danza Folclórica Israelí

Leah Bergstein, nacida en lo que hoy es Ucrania a principios del siglo XX, es a menudo aclamada como una de las madres fundadoras de la danza folclórica israelí. Su viaje al mundo de la danza comenzó en circunstancias tumultuosas. Huyendo con su familia a Viena al estallar la Primera Guerra Mundial, Bergstein encontró en la capital austriaca un crisol de innovación artística. Allí, estudió danza moderna con una colega de la legendaria Isadora Duncan, una figura revolucionaria que abogaba por un movimiento más libre y natural, inspirado en el arte clásico griego. Bergstein absorbió estas influencias, coreografiando obras inspiradas en antiguas pinturas de jarrones griegos, lo que demuestra una temprana inclinación por conectar la danza con narrativas históricas y culturales.

Además, se sumergió en el estudio de los festivales folclóricos a través de las obras del influyente coreógrafo y teórico austrohúngaro Rudolf von Laban, conocido por su sistema de notación de la danza (Labanotación) y su profundo interés en el movimiento como expresión cultural comunitaria. Esta formación ecléctica, que combinaba la expresividad individual de la danza moderna con la comprensión de la danza como un fenómeno social y folclórico, la preparó de manera única para la tarea que emprendería en Israel.

En 1925, la aspirante a coreógrafa hizo aliá, llegando al Israel pre-estatal imbuida de un espíritu pionero. Inicialmente se estableció en el kibutz Beit Alfa. Fue allí donde su talento coreográfico encontró su primera expresión significativa en el contexto de la vida agrícola. Los pastores del kibutz, inspirados por las festividades de esquila de ovejas de sus vecinos beduinos, le pidieron a Bergstein que creara un festival centrado en esta actividad. Este evento, el «Jag HaGuez» (Festival de la Esquila), se convirtió en una de las primeras manifestaciones de un nuevo folclore israelí, nacido de la tierra y las experiencias de sus habitantes.

Mattityahu Shelem: La Voz Melódica de los Campos de Israel

Complementando el genio coreográfico de Bergstein estaba el talento musical de Mattityahu Shelem (nacido Mattityahu Weintraub) en Polonia. Shelem, quien también era uno de los pastores de Beit Alfa, poseía una habilidad innata para capturar la esencia de la vida en el kibutz y el paisaje israelí en sus melodías. Sus composiciones se convirtieron rápidamente en parte del cancionero popular israelí, canciones que aún hoy resuenan en escuelas y reuniones comunitarias.

Para el Festival de la Esquila concebido por Bergstein, Shelem compuso algunas de sus canciones más icónicas y perdurables. Temas como «Se u’Gedi» (Un Cordero y un Cabrito), una melodía alegre y pegadiza, «Sisu v’Simchu Bagez» (Alégrense y Celebren en la Esquila), y la encantadora «Shir HaGez: Tzemer, tzemer legizenu» (Canción de la Esquila: Lana, lana para nuestra esquila), a menudo conocida por su verso «Keves ve’ez, ve’ez ve’keves, yatz’u yachdav el hasadeh» (Oveja y cabra, cabra y oveja salieron juntas al campo), fueron coreografiadas por Bergstein. Estas canciones no solo celebraban la tarea agrícola, sino que también tejían un tapiz de imágenes pastorales, alegría comunitaria y una conexión profunda con los animales y la tierra. La música de Shelem era accesible, melódica y profundamente evocadora, lo que la hacía perfecta para la danza folclórica y el canto comunal.

El Crisol de Ramat Yohanan: Donde la Tradición Floreció

En la década de 1940, un cisma ideológico dentro del movimiento HaKibbutz HaMeuhad llevó a una división en el kibutz Beit Alfa. Una facción, que incluía a Bergstein y Shelem, se inclinaba menos hacia el estricto estalinismo que prevalecía en Beit Alfa en ese momento y buscaba un entorno que ofreciera mayor libertad individual y expresión creativa. Esta división culminó con el traslado de un grupo significativo de miembros, incluyendo a nuestros dos artistas, al Kibutz Ramat Yohanan. Como señaló Noam Edry, «Ramat Yohanan le daba al individuo mucha más libertad que Beit Alfa… cuando el kibutz se dividió, Ramat Yohanan triplicó su tamaño de la noche a la mañana».

Fue en este nuevo hogar, con su atmósfera más liberal y su comunidad expandida, donde la colaboración entre Bergstein y Shelem alcanzó su cenit. Aquí, diseñaron y perfeccionaron una serie de ceremonias festivas que se convirtieron en modelos para otros kibutzim. Estas no se limitaban a Shavuot; también crearon celebraciones para la Fiesta del Omer (Sefirat HaOmer), que marca los 49 días de conteo entre Pésaj y Shavuot, y para Sucot, la fiesta de las cabañas.

Para Shavuot, Bergstein concibió una puesta en escena particularmente innovadora y visualmente impactante. Construyó un escenario en los propios campos de trigo del kibutz, cubriendo la pista de baile con gavillas de trigo recién cortado. Esto creaba la ilusión mágica de que los bailarines actuaban directamente sobre las espigas doradas, fusionando el arte con el entorno agrícola de una manera literal y simbólica. Su compañía de danza del kibutz, ataviada con sencillos trajes blancos que evocaban tanto la pureza como la vestimenta de los trabajadores del campo, no solo actuaba para su propia comunidad, sino que también viajaba por todo el país. Su coreografía, imbuida de los ritmos de la naturaleza y el espíritu colectivo, fue gradualmente adoptada por otras comunidades rurales, consolidando su lugar en el panteón de la danza folclórica israelí.

El impacto de su trabajo fue profundo. Como explica Edry, «Este dúo pionero de creadores, Matti y Leah, quería inspirarse en esas antiguas ceremonias de sacrificio y reflejarlas en la nueva tierra, y su repercusión creativa fue tan poderosa que se extendió como la pólvora. Todo tenía un significado; no era solo para entretener». Esta búsqueda de significado, de conectar el presente con el pasado judío y con la tierra de Israel, fue la fuerza motriz detrás de su arte.

«As the Sheaf Passes»: Un Diálogo Artístico a Través del Tiempo

Ochenta años después de aquella primera ceremonia de Shavuot en Ramat Yohanan con las obras de Bergstein y Shelem, el kibutz vuelve a ser escenario de una innovación cultural. La exposición «As the Sheaf Passes», curada por Noam Edry, no es una simple retrospectiva, sino una vibrante conversación entre el legado de estos pioneros y la escena artística contemporánea de Israel.

Edry, quien creció en Ramat Yohanan y regresó a vivir allí hace varios años después de un período en Londres y Tel Aviv, había soñado durante mucho tiempo con traer el arte contemporáneo al corazón de su comunidad. La oportunidad surgió cuando el kibutz le confió la organización de esta conmemoración. Su visión fue audaz: transformar todo el kibutz en un museo al aire libre y en espacios interiores no convencionales. «Todo el kibutz se ha convertido en un museo», afirma Edry. «Es una idea muy novedosa para nosotros, es pionera, como lo fueron ellos: pioneros en el campo del arte».

La exposición reúne a 52 artistas, desde figuras consagradas hasta creativos locales emergentes. Se les encomendó la tarea de sumergirse en el universo de Bergstein y Shelem: estudiar las letras de las canciones de Shelem, analizar los movimientos y la filosofía de la coreografía de Bergstein, y luego «diseccionarlas y volverlas a juntar» en sus propias obras de arte. El objetivo, según Edry, era que los artistas intentaran comprender por qué estas ceremonias se volvieron tan elementales para la vida israelí, tan arraigadas en la psique cultural del país.

Las obras se exhiben en seis lugares distintos del kibutz, muchos de los cuales son espacios funcionales que normalmente se utilizan para otros fines. Así, una sala conmemorativa donde habitualmente se practica yoga, la histórica piscina del kibutz, e incluso un búnker, se convierten en galerías improvisadas, añadiendo una capa de significado al diálogo entre el arte y el entorno cotidiano del kibutz. La exposición está abierta los fines de semana de junio, invitando al público a un viaje inmersivo.

Obras Destacadas: Interpretaciones Contemporáneas de un Legado Perenne

La diversidad de artistas y medios representados en «As the Sheaf Passes» es un testimonio de la riqueza del legado de Bergstein y Shelem y de la vitalidad del arte israelí actual.

  • Efrat Natan – «Stepping and Harvesting» (Pisando y Cosechando): La reconocida artista conceptual Efrat Natan, conocida por sus obras que a menudo exploran temas de identidad, memoria y el cuerpo, presenta una escultura impactante. «Stepping and Harvesting» está compuesta por 24 hoces, las herramientas tradicionales para cortar trigo, dispuestas en una formación espiral. Esta disposición no solo evoca la forma circular de muchas danzas folclóricas, sino que también intenta capturar el movimiento rítmico y repetitivo de la cosecha, haciéndose eco directo de los movimientos de danza que Bergstein coreografió para representar el trabajo en el campo. La espiral puede simbolizar el ciclo de las estaciones, el tiempo y la continuidad de la tradición.
  • Noam Enbar – Obras de Video en el Búnker Histórico: El músico Noam Enbar, cuyos abuelos fueron fundadores de Ramat Yohanan, tiene una conexión personal profunda con las tradiciones del kibutz. Sus recuerdos del Festival del Omer, una de las ceremonias diseñadas por Bergstein y Shelem, lo inspiraron en parte a crear su aclamado y original Gran Coro Gehenna, conocido por su enfoque vanguardista de la música coral y litúrgica. Para esta exposición, Enbar ha instalado obras de video en el histórico búnker del kibutz, un espacio cargado de connotaciones de refugio y memoria. Estas obras exploran, previsiblemente, las capas de historia y significado incrustadas en las ceremonias y en el propio tejido del kibutz.
  • Rona Yefman – Coreografía In Situ: Rona Yefman, una artista radicada en Nueva York que también creció en Ramat Yohanan, tuvo el privilegio de estudiar directamente con Leah Bergstein antes de su fallecimiento en 2017 (aunque la información original indica que Bergstein falleció antes; la fecha de su muerte suele citarse como 1989. Es posible que Yefman estudiara el repertorio de Bergstein o con discípulos suyos). Yefman ha coreografiado una nueva obra interpretada por bailarines del kibutz. Esta pieza se desarrolla en varios sitios alrededor del kibutz, integrando el movimiento en el paisaje que originalmente inspiró a Bergstein. Es una forma de diálogo directo, cuerpo a cuerpo, con el legado de la maestra.
  • Atar Geva – «Bubbling Bubbles» (Burbujas Burbujeantes): El artista de instalaciones Atar Geva, formado en la prestigiosa Academia Bezalel de Artes y Diseño, ha creado una pieza titulada «Bubbling Bubbles». Se trata de una instalación de algas espirulina y agua, que rinde homenaje al tradicional Festival del Agua de Ramat Yohanan, una celebración que suele tener lugar durante la festividad de Sucot y que también forma parte del ciclo de festividades agrícolas. La espirulina, un organismo vivo que prolifera en el agua, podría simbolizar la fertilidad, la vitalidad y los ciclos de la naturaleza, temas centrales en las festividades de la cosecha.
  • Michal Shachnai – Arte en Video y la Sombra del 7 de Octubre: En una conmovedora conexión con la realidad actual de Israel, la artista Michal Shachnai tomó la ceremonia de danza de Bergstein como punto de partida para una obra de arte en video. En ella, dunas de arena suben y bajan, una poderosa metáfora de los kibutzim del sur de Israel que fueron tan brutalmente atacados el 7 de octubre de 2023. Su obra plantea la dolorosa pregunta de si el kibutz, como símbolo de la vida y la comunidad israelí, puede resurgir de las cenizas de esa tragedia.

Estos son solo algunos ejemplos de las 52 contribuciones artísticas que conforman la exposición. Cada una, a su manera, entra en diálogo con la historia, las letras, los movimientos y el espíritu de las creaciones de Bergstein y Shelem. «Intentamos mostrar cómo Matti y Leah lo concibieron como una tradición ceremonial tan mágica que inspiró a generaciones de artistas de diversos ámbitos», explica Edry. «Queremos mostrar el enorme impacto que su obra tuvo en el arte y la cultura israelíes».

Resonancias del Presente: El Arte Como Reflejo y Resiliencia

La organización de «As the Sheaf Passes» no ha estado exenta de los profundos desafíos emocionales y existenciales que enfrenta Israel actualmente. El brutal ataque terrorista perpetrado por Hamas el 7 de octubre de 2023, en el que 1.200 personas fueron asesinadas y 251 secuestradas y llevadas a Gaza, sumió al país en un estado de duelo y trauma. Hubo momentos durante el último año y medio, cuenta Noam Edry, en los que ella y su equipo de voluntarios se preguntaron si tenía sentido seguir adelante con el proyecto en medio de tanto dolor y angustia nacional.

Sin embargo, paradójicamente, la tragedia confirió al proyecto una nueva capa de urgencia y significado. Las temáticas inherentes al trabajo de Bergstein y Shelem –la conexión con la tierra, la fortaleza de la comunidad, la celebración de la vida y la cosecha, la resiliencia frente a la adversidad– adquirieron una resonancia aún más profunda.

«Hay un conjunto completo de obras dentro de la exposición que tratan sobre el 7 de octubre, creadas por artistas para conmemorar a los caídos en la masacre», revela Edry. Estas obras no son un añadido forzado, sino una respuesta orgánica y necesaria del mundo del arte a la crisis. «Muestran cómo el trigo, los campos, todos estos símbolos inventados por Shelem y Bergstein siguen siendo muy relevantes. Son alegorías de la actualidad, de la situación actual del kibutz en Israel y de lo que significa formar parte de una comunidad frente a esta guerra».

La obra de Michal Shachnai, con sus dunas de arena que suben y bajan en referencia a los kibutzim del sur, es un claro ejemplo de esta confrontación artística con el trauma. Los símbolos de la cosecha, que tradicionalmente representan la abundancia y la continuidad de la vida, se cargan ahora de nuevos significados. El trigo puede simbolizar la fragilidad de la existencia, pero también la esperanza de un nuevo crecimiento. Los campos, antes escenarios de celebración, ahora también evocan imágenes de pérdida y desolación, pero también de la indomable voluntad de reconstruir y sanar.

«No podíamos ignorar nada», enfatiza Edry. «Todo esto todavía resuena en nosotros». La exposición, por lo tanto, se convierte en un espacio para el recuerdo, la reflexión y, quizás, una incipiente forma de catarsis. Demuestra el papel vital del arte como testigo de su tiempo, como medio para procesar el dolor colectivo y como afirmación de los valores fundamentales que sustentan a una sociedad.

Ramat Yohanan: Un Legado Vivo de Innovación y Tradición

Para el Kibutz Ramat Yohanan, esta exposición marca una «primera vez» en muchos sentidos. Si bien el kibutz siempre ha puesto un gran énfasis en mantener vivas sus ceremonias tradicionales, la idea de transformarse en un vasto museo de arte contemporáneo es, como dice Edry, «muy novedosa» y «pionera». Este espíritu innovador, sin embargo, es precisamente lo que conecta la iniciativa actual con el legado de Bergstein y Shelem. Ellos también fueron pioneros, rompiendo moldes y creando nuevas formas de expresión cultural en su tiempo.

La propia Noam Edry encarna esta conexión entre el pasado y el presente. Habiendo pasado parte de su infancia y adolescencia en Londres, su regreso al kibutz –después de vivir con su marido e hijos en Tel Aviv– fue una vuelta a las raíces, pero también una oportunidad para inyectar nuevas perspectivas. Su sueño de invitar a artistas contemporáneos al kibutz encontró el momento perfecto en esta conmemoración del 80º aniversario.

El hecho de que las ceremonias originales de Bergstein y Shelem sigan siendo una parte activa de la vida del kibutz subraya la fuerza de su creación. No son reliquias de museo, sino tradiciones vivas que se transmiten de generación en generación. La exposición «As the Sheaf Passes» no busca reemplazar estas tradiciones, sino enriquecerlas, ofreciendo nuevas lecturas y demostrando su continua relevancia.

Más Allá del Entretenimiento: El Significado Profundo de la Celebración Cultural

El trabajo de Leah Bergstein y Mattityahu Shelem trascendió el mero entretenimiento. Sus canciones y danzas estaban imbuidas de un profundo sentido de propósito: forjar una identidad cultural israelí conectada con la tierra, con la historia judía y con los valores comunitarios del movimiento kibutziano. Querían crear rituales significativos que dieran sentido a la vida de los pioneros, que celebraran sus logros y que fortalecieran los lazos sociales.

Las ceremonias de Shavuot, con su énfasis en la cosecha y los primeros frutos, eran una afirmación del renacimiento del pueblo judío en su tierra ancestral. Eran una declaración de soberanía sobre el paisaje, una celebración del trabajo productivo y una expresión de gratitud por la abundancia de la tierra. Las danzas de Bergstein, con sus movimientos inspirados en la naturaleza y el trabajo agrícola, y las canciones de Shelem, con sus melodías evocadoras y sus letras poéticas, capturaron este espíritu de una manera que resonó profundamente en todo el país.

La exposición actual en Ramat Yohanan recoge este testigo. Al invitar a artistas contemporáneos a dialogar con este legado, se reafirma la idea de que la cultura es un proceso dinámico, en constante evolución. Los temas que preocupaban a Bergstein y Shelem –la identidad, la comunidad, la conexión con la tierra, la búsqueda de significado– siguen siendo relevantes hoy en día, aunque se manifiesten en nuevas formas y contextos.

Un Legado que Florece y se Transforma

La conmemoración del 80º aniversario de las ceremonias de Shavuot de Bergstein y Shelem en el Kibutz Ramat Yohanan, a través de la exposición «As the Sheaf Passes», es mucho más que un evento cultural. Es un testimonio de la resiliencia del espíritu humano, de la capacidad del arte para tender puentes entre generaciones y de la importancia perdurable de la tradición y la comunidad, especialmente en tiempos de crisis.

Leah Bergstein y Mattityahu Shelem fueron visionarios que supieron traducir las aspiraciones y experiencias de su tiempo en formas artísticas que se convirtieron en parte integral del tejido cultural de Israel. Su legado no es estático; es una semilla que continúa germinando, inspirando a nuevas generaciones de artistas a explorar su propio entorno y a reflexionar sobre los desafíos y esperanzas de su tiempo.

La exposición en Ramat Yohanan, con su audaz transformación del kibutz en un museo viviente, demuestra que este legado está más vivo que nunca. Las hoces de Efrat Natan, los videos de Noam Enbar, las danzas de Rona Yefman, las burbujas de Atar Geva y las dunas de arena de Michal Shachnai son solo algunas de las muchas voces que se unen al coro iniciado por Bergstein y Shelem hace ocho décadas.

En un Israel que enfrenta profundos desafíos, la celebración de Ramat Yohanan ofrece un rayo de luz y esperanza. Nos recuerda la fuerza que emana de la comunidad, la belleza que se encuentra en la conexión con la tierra y la tradición, y el poder del arte para dar sentido, consuelo y inspiración. Mientras la gavilla simbólica pasa de una generación a otra, el espíritu pionero y creativo del Kibutz Ramat Yohanan sigue brillando, demostrando que incluso en los momentos más oscuros, la cultura y la celebración de la vida pueden florecer. La herencia de Leah Bergstein y Mattityahu Shelem no solo se conmemora; se reinventa, se reinterpreta y se proyecta hacia el futuro, asegurando que sus canciones y danzas sigan resonando en los campos y corazones de Israel por muchos años más.

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